Aprender significados en círculos

septiembre 5, 2011 § 2 comentarios

Lo vicioso tiende a hacer círculos y los círculos tienden a ser viciosos. Y los diccionarios pueden ser viocisillos. La circularidad es el hecho de que una palabra esté definida con una palabra cuya acepción, a su vez, contenga la primera palabra buscada. X es Y, Y es X. Este vicio se puede mantener entre dos o más integrantes: X es Y, Y es Z, Z es A y A es X. El círculo se hace más grande, y con él, el vicio.

El lector que se ve arrastrado por esta lascivia léxica termina agotado buscando alfabéticamente una y otra vez. Incluso hacerlo en digital y mediante clicks es ya cansante. Además, el diccionario y sus autores, los lexicógrafos, dejan de hacer un buen trabajo ya que entonces el diccionario no hace lo que se supone que debe hacer: ayudar a saber qué significan las palabras.

Rufino José Cuervo fue uno de los lingüistas más importantes en español, sobre todo en lo relacionado con lexicografía. En el siglo XIX hizo una crítica contra el diccionario de la RAE que sigue (casi) vigente hoy en día y que Manuel Seco recogió en uno de sus ensayos. Las palabras participantes de tamaño círculo son adiestrar, amaestrar, enseñar, instruir, doctrinar y adoctrinar:

La cantidad de reglas lexicográficas que la Academia se salta en este caso es abrumador. El principal es el vicio circular en el que instruir es enseñar, enseñar es instruir, instruir es adoctrinar, amestrar es enseñar, adiestrar es amestrar… De hecho se puede observar que dentro del gran círculo hay circulitos, como ocurre entre adiestrar y amaestrar, amestrar y enseñar, enseñar  e instruir, e instruir y adoctrinar.

La segunda regla que rompen es la de la remisión, que es lo relacionado con doctrinar. El diccionario de la Academia acepta cierta palabras pero no como palabras plenas, sino como variantes que existen pero que no sugieren su uso. El DRAE contiene la palabra almóndiga, pero redirige a la palabra albóngida. Con esto el DRAE quiere decir «sabemos y recogemos que almóngiga existe, pero recomendamos el uso de albóndiga«. Siguiendo esto, entendemos entonces que desrecomiendan el uso de doctrinar frente a adoctrinar. Con lo que resulta sorprendente que en instruir y en enseñar se use la palabra doctrinar y no su versión con el prefijo adoctrinar.

La tercera regla que rompen es la de la definición lexicográfica: en principio una definición no se puede hacer por sinónimos, sino que debe ser un sintagma. Amaestrar e instruir rompen esta regla.

La cuarta regla que rompen no es lexicográfica. Podríamos recurrir a la organización, la usabilidad, aunque también podríamos hablar simplemente de sentido común. No es de recibo que para saber qué significa adiestrar el lector tenga que pasar por cinco palabras.

La nueva versión de la Academia habría enmendado esta situación, más de 100 años después: habrían eliminado de adoctrinar la primera parte, dejando sólo «inculcarle…». En inculcar estaría infundir y en infundir causar: el círculo vicioso pasa a ser un simple laberinto vicioso.

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