¿Machismo en la lengua? ¿Cómo se colocan los hombres y las mujeres?

febrero 20, 2012 § 1 comentario

El debate sobre si la lengua es machista o no, sobre si modificarla de manera consciente ayudará a erradicar ese machismo o si eso es construir tejados sin paredes está ahí y ahí estará por mucho tiempo. Los temas más tratados en este aspecto es la morfología léxica o la sintaxis: el masculino neutro, la creación de formas exclusivamente femeninas (miembra, lideresa), la preferencia sintáctica del masculino…

Como en el Molino seguimos trabajando con colocaciones, veamos qué pasa si hacemos una búsqueda sobre qué palabras aparecen con más frecuencia cerca de las palabras mujer y hombre. Las búsquedas se harán en el Corpus de Mark Davies, buscando los lemas, con una distancia de solo 2 palabras y solamente el siglo XX. Los resultados:

[hombre]: mujeres, aquel, negocios, moderno, joven, pobre, armados, confianza, eres, inteligente, culto, sentado, honrado, neandertal, gordo, honesto, maduro, vestidos

[mujer]:  hombres, niños, aquella, joven, hermosa, desnuda, marido, cocaleras, casada, trabaja, bella, gorda, madura, trabajan, hermosas, cubanas, ancianos, contestó, vestidas

Si la búsqueda la hacemos entre los siglos XV y XIX los resultados son infinitamente más llamativos:

[hombre]: mujeres, ricos, honrado, gentil, cincuenta, gentiles, altos, mugeres, mill, sabios, doctos, armados, .000, quinientos, doscientos, honrados, cuerdo, valientes, virtuoso, cuatrocientos, trescientos, docto, bonos, significan, millares, ningún, miles, eminentes, virtuosos, cuerdos

[mujer]: hijos, esa, niños, hermosa, marido, casada, hijas, honrada, leche, legítima, muchachos, malas, hermosas, reyna, amada, viejos, casadas, asu, flaca, preñada, desdichada, querida, preñadas, honesta, casta, vestida, fea, honradas, fermosa, enamorada, española, santas, virtuosa, celosa

Todo esto me recuerda mucho a las doce clases sociales de Villena. Como vemos los hombres son vistos con cualidades buenas y, por otro lado, como soldados (cuatrocientos hombres, mil hombres…). Las mujeres son vistas según su belleza o como elemento de la familia (con sus relaciones con sus maridos o sus hijos).

Si aparecen estos resultados no es porque el español sea intrínsecamente machista, sino porque muchos textos que se han escrito con el idioma son machistas porque mucha gente es machista. Modificar el lenguaje creyendo que así modificamos la realidad nos llevaría a tener que prohibir escribir mujer e hijos en la misma frase.

Y nosotros, como lexicógrafos y lingüistas, ¿qué debemos hacer? Sabemos que nuestro deber es observar, describir y explicar la lengua. Pero cuando debemos guardar las colocaciones de las palabras hombre y mujer ¿guardamos en nuestras bases de datos que el lema gordo/a se utiliza con más frecuencia con mujer que con hombre? ¿Decimos que las palabras niño y mujer tienen una relación muy estrecha? ¿Que desnudarse tiene más que ver con las mujeres que con los hombres?

Neorefranes que hacen pensar

febrero 2, 2012 § 6 comentarios

La aparición de nuestro mezclador de refranes basado en Refranario ha sido una verdadera revolución. Además de para partirse de risa, también sirve para descubrir refranes que podrían haber existido al expresar mucha inteligencia espontánea. Aquí una pequeña recolección de algunos que nos han hecho pensar. Por favor, escribe un comentario con aquellos neorefranes que te hayan hecho pensar a ti:

bien está lo que puedas hacer hoy
el amor es un dulce

El amor es un dulce

El amor es un dulce

los extremos engañan
el tiempo es el viento
compartir es poder
Spain is caro

Spain is caro

Spain is caro

la historia la escriben los medios
menos da la sepultura
el que no corre engorda
habló de putas la gente
poderoso caballero es consuelo de tontos
a enemigo que huye, nada
más vale maña que mil palabras
aquí te pillo no hace daño
uno más y a dormir
excusatio non petita dos veces bueno
el hambre es una piedra

El hambre es una piedra

El hambre es una piedra

ten cuidado con lo que reluce
rectificar es de pardos
la pela es la madre de la ciencia
África empieza en casa del pobre
Dios los cría y Dios le ayuda
-Debo, no niego. -Aquí te mato.
genio y figura hasta Castilla
compartir es ser agradecido
una vez al año pago no tengo
el diabló está en los pirineos
el hombre es un lobo para un dulce
lo comido por la puerta asoma

Lo comido por la puerta asoma

Lo comido por la puerta asoma

Lenguas rojas para palabras granates

enero 25, 2012 § Deja un comentario

Hay un tipo de tabaco que es rubio. Hay un tipo de vino que es blanco. Las personas se ponen pálidas y muchas personas de África son negras. Todas estas oraciones no tienen nada de raro, ¿no? rubio, blanco, pálido y negro son las palabras elegidas para hablar de esas realidades. Pero ¿cuánta realidad hay en todo esto? ¿El vino blanco es realmente blanco? ¿El tabaco rubio es rubio?

Por favor, mira la siguiente imagen, donde hay dos rectángulos, separados por una línea negra:

¿De qué color dirías que son cada uno? ¿Qué nombre le daríamos a cada uno? ¿Morado? ¿Rojo? ¿Granate? Piensa en un nombre para el color de ambos recuadros y recuérdalo para luego. La respuesta puede ser “ambos son del mismo color y eso color lo llamaría…”. ¡Apúntatelo si se te va a olvidar!

Vale, ahora veamos de dónde provienen los recuadros anteriores. El primer recuadro proviene de la cereza; el segundo, del vino.

Vale, recordemos los nombres que le habías puesto a ambos rectángulos. Pongamos que dijiste que el primero era vino y el segundo granate. ¿Qué tal te suena “las cerezas tienen color vino y me bebí una copa de vino de color granate”? Si ambos te parecían rojo oscuro ¿”las cerezas y el vino que bebimos tienen el mismo color: rojo oscuro”? Hay algo raro, ¿no? Si los colores parecían igual ¿por qué no puedo utilizar un adjetivo común para cerezas y vino? Si dudaba sobre qué adjetivo ponerle a cada rectángulo ¿por qué lo tengo tan claro al saber qué cosas tienen ese color?

La lengua representa los colores de las cosas de una manera que no siempre es fiel reflejo de la realidad. El español designa que el vino es tinto y usar la palabra vino con adjetivos como rojo, granate, escarlata o morado queda raro. La lengua podría haber elegido cualquiera de estos adjetivos (de hecho en inglés se dice red wine), o podría haber creado una palabra específica para él o podría haber especializado otra palabra que no fuese tinto. Pero ninguna de estas relaciones expresa con sinceridad el color de la cosa. Sólo una convención aceptada entre hablantes.

El sufijo ‘-ate’ es para golosos

diciembre 29, 2011 § 1 comentario

Hemos encontrado seis palabras que terminan en -ate y que nombran alimentos dulces. En algunos casos, es detectable una raíz dentro de la palabra que alude al ingrediente fundamental del que está hecho el dulce, como si el sufijo -ate significase “dulce hecho de”.  Para más inri, todas ellas están vinculadas a América del Sur.

He aquí la lista demoniaca:

Chocolate

Piñonate

Calabazate

Duraznate

Gaznate

Ate

El escay o ¿Para qué tanto lío?

agosto 5, 2011 § Deja un comentario

Llevamos unos días con el tema de la incorporación de los extranjerismos al español. Dándole vueltas, analizando, discutiendo que si hippie, hippy o jipi. Y hoy en el aeropuerto, mientras esperaba a mi hija, la gente comentaba sin ningún rubor ni dificultad. ¡Que bueno es el “escay”! La de dinero que me ahorro en llamadas telefónicas.

¿Tanto problema hay en mantener entre comillas la forma original skype y lanzarse a la adaptación radical escay?

Las ventajas:

Como también se puede ver, es mucho más sencillo añadir prefijos y sufijos a la forma adaptada.
Los inconvenientes, básicamente que se pierde la conexión entre la palabra original skype y la forma españolizada, aunque quizá con el tiempo y unas reglas de adaptación claras podamos inducir la forma de la palabra original, y nos vamos a ahorrar años de transición.

El corderoy y la RAE.

agosto 3, 2011 § Deja un comentario

Pues no señores, el DRAE no contempla la palabra corderoy. ¿Y debería contemplarla? Pues creo que si contempla la palabra pana, de la que es sinónimo, y escay que proviene de una marca comercial, debería contemplarla, aunque en España no se utilice. Si queremos ser panhispánicos seamos panhispánicos.

En el corpus molinolabs aparece 56 veces, todas en Argentina.

Según el diccionario de americanismos se usa en Argentina, Bolivia y Uruguay, y en la forma corduray en Hoduras, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Colombia y Perú. Esta forma corduroy debe ser la originaria procedente del inglés y de etimología incierta.

Y esto nos vuelve a llevar a la pana, que sí que viene en el DRAE, aunque también con urgentes mejoras. Por una parte, debería volver a limitar el ámbito de uso del término, de nuevo limitado a España, con el significado de tejido con acanaladuras. Ya que en Argentina se usa como un tipo de terciopelo, y en otras partes de América central y aledaños con el sentido de amigo, o en Chile de avería, seguramente del francés panne con idéntico significado.

Resulta curioso y lo decimos con todo el respeto que nos merece esa página, y con todos los filtros que hay que poner a un trabajo colaborativo que en etimologías de Chile encontremos más claves que en el propio DRAE.

Por último, y seguro que habrá críticas por este comentario, el criterio de agrupar las acepciones por etimologías, nos lleva a juntar en el segundo grupo dos acepciones de etimología aparentemente diferente. Creo que hay que acabar rápidamente con ese criterio de agrupación, está bien indicar la etimología de un término, pero cuando uno busca el significado de una palabra, no suele conocer su etimología, con lo que este sistema de agrupación le confunde más que ayudarle.

La RAE y el escai, escay, eskay, eskai, skay, skai o sky ¿En qué quedamos?

agosto 1, 2011 § 4 comentarios

Un sofá de escay

Obtenido de somosochenteros.blogspot.com

La Real Academia (RAE) y su clásica lentitud en la incorporación de términos nuevos. Hoy le toca el turno al skai.

¿Quién no recuerda esos pegajosos sofás veraniegos en los que uno debía despegarse después de dormir la siesta?

La cuestión es que la RAE en su diccionario se ha decantado por la forma admitida escay y parece que va calando, digo parece porque estas cosas van tan despacio que dejan un pequeño rastro de incertidumbre.

Buscando un poco de luz en el asunto, hemos buscado en En el corpus de los molinolabs, encontramos la siguiente distribución de términos y frecuencias:

  • Escai, 1 resultado.
  • Escay [la buena], 8 resultados.
  • Eskay, 0 resultados.
  • Eskai, 2 resultados.
  • Skay, 2 resultados.
  • Skai [la forma original], curiosamente 0 resultados.
  • Sky, 1 resultado.
De aquí un par de reflexiones, la primera, que si tuviésemos claras las reglas de españolización nos evitaríamos los 5 casos de formas transicionales, skay, eskai o escai y hasta la estrambótica sky. La segunda, que la forma original ha desaparecido.
Curiosamente y en el articulo enmendado se ha corregido, la palabra no proviene del inglés (no la he encontrado en ningún diccionario inglés) sino de una marca alemana.
Enhorabuena por la corrección del entuerto etimológico, pero falta algo por corregir. En el corpus de los molinolabs descubrimos que todas las entradas se producen en periódicos españoles, no existiendo ninguna entrada en periódicos argentinos ni mexicanos. ¿No habría que señalarlo? ¿no habría que indicar que sólo se usa en España?
Ya lo único que nos queda por descubrir es como se llama tan noble material en las diferentes partes de América. ¿Quién se anima?

El “olvido” académico…

mayo 27, 2011 § 2 comentarios

Hace unos días publicábamos una entrada en este mismo blog con el título La RAE hace el indio con los verbos en el que exponíamos la incorrección o el error (podría ser hasta tipográfico) que encontrábamos en la conjugación del verbo aindiar según figura en la web de la academia.

Como comentaba Nimbusaeta (a la que debéis esta explicación), en realidad el problema “podría ser que se les haya olvidado poner la tilde…”.

Para nosotros toda esta reflexión es importante fundamentalmente por un motivo: parece que la corrección lingüística es cosas de unos “gurús”, con todos los respetos, que determinan lo correcto e incorrecto, así que la corrección o incorrección de algo vendría determinado por el rango del defensor de la opción, convirtiéndose en una especie de juego de cartas Magic.

Parte superior del código de HammurabiSin embargo si estudiamos el sistema y descubrimos sus normas, la discusión se reduce al sistema que rige el funcionamiento de la lengua, y no hay gurú que venga a cambiar nada. Los “hechiceros” podrían en algún momento cambiar las reglas, pero siempre estarían sometidas a ellas, con lo que democratizamos la lengua.

Así, a partir de ese momento, manda el sistema y no el rango de los individuos, y puedo discutir de tú a tú con el más docto gramático, ya que mis argumentos se basarán en el sistema y no se podrá sacar el comodín etimológico o cualquier otro.

Es algo así como el alivio que sintieron en el año 1.760 a.C. los habitantes de Mesopotamia cuando alguien escribió sobre una piedra las reglas que iban a regir la convivencia y que permitirían a los débiles defenderse de los poderosos, o el que uno siente la primera vez que puede discutir con su padre y vencer en la discusión porque la aplicación de las normas de la “casa” determinan una opción diferente a la impuesta por el “pater familias”.

Por eso nos pareció interesante resolver el problema de aindiar, y eso que nos ha llevado un par de días de trabajo, porque de alguna manera nos permite devolver el poder a sus legítimos propietarios, los hablantes.

Pero como el peso de la RAE es el peso de la RAE, hemos mantenido las dos opciones de conjugación de aindiar.

¿Hablas binario?

abril 20, 2011 § 2 comentarios

Hace poco descubrimos un nuevo estudio del neozelandés Quentin Atkinson que muestra que, a medida que nos alejamos de África, las lenguas tienden estadísticamente a reducir su número total de fonemas (definición a quemarropa: sonidos con capacidad de distinguir significados). Si en África, cuna del homo sapiens, se hablan lenguas que alcanzan los 200 fonemas, territorios relativamente nuevos para el hombre, como Nueva Guinea, cuentan con maravillas como el rotokas central, cuyo sistema consonántico se puede resumir en: /p/, /t/, /k/, /b/, /d/, /g/, /m/, /n/, /ŋ/.

Aquí tenéis un pequeño resumen del estudio, con detalles bastante interesantes y polémicos.(no ha tardado en salir el que dice que todo esto es una burrada…)
Ahora yo me pregunto una cosa: ¿significa esto que el día que colonicemos Saturno hablaremos en binario? Aparte de ser una gran chorrada, lo que acabo de decir metaforiza el código binario como un lenguaje con únicamente dos fonemas: /1/ y /0/. A las máquinas les viene de lujo tener solo dos fonemas (1 = pasa corriente; 0 = no) pues tienen una memoria mucho más grande y fiable que la nuestra, y por lo tanto pueden construir sin demasiada dificultad una diversidad de significados a partir de la acumulación de cadenas compuestas por tan solo dos caracteres. Ahora imaginad una lengua natural donde solo haya dos fonemas: /a/ y /b/. ‘abababa’ significa ‘hola’, pero ‘ababababbb’ significa ‘tres tristes tigres’, y ‘abbbbbababbaababababab’, ‘Fernando Sánchez Dragó’. ¡Menudo follón!

Está claro que tiene que haber un límite, todavía no descubierto, entre lo que puede llamarse fonémico-cuantitativamente “lengua natural” y lo que no. ¿Lo intentamos descubrir?

El rotokas central nos ofrece una pista respecto a este límite. No es casual que las consonantes del rotokas sean las que son; al contrario: están organizadas como una alucinante maquinaria de relojería donde todo está pensado para mantener de plena actualidad un ancestral tira y afloja que ha estado presente en todas las lenguas de todas las épocas: el principio de economía. Afrikicémoslo un poco para mayor claridad: un buen día en la Comarca, el señor Frodo y Sam se están escondiendo de unos nazgûl tras unos setos, pero Pippin, que estaba haciendo su segunda merienda y no ha visto el peligro, se encuentra en medio del prado cantando una de sus bochornosas canciones hobbit. Es cuestión de segundos que el incauto Tuk sea descubierto y decapitado en menos de lo que se tarda en decir “¡las sirven por pintas!”. Solo sus amigos pueden salvarlo. Pero claro, Frodo y Sam todavía tienen que llegar al final del libro para poder declararse amor mutuo, por lo que van a intentar salvar al hobbit sin ser descubiertos, con un susurro. Este susurro tiene que cumplir, por lo menos, cuatro condiciones indispensables que parecen contrapuestas: 1) ser lo bastante fuerte como para que Pippin lo oiga por encima de su ridícula canción, 2) ser lo bastante débil como para que los nazgûl no los descubran, 3) ser lo bastante breve como para que Pippin se ponga a salvo cuanto antes. 4) Ser lo bastante largo como para que Pippin entienda que se trata de un susurro.

“Yo tengo una idea mejor…”.

Es evidente que hay que encontrar un compromiso, un término medio, entre estas cuatro variables si se quiere cumplir de la mejor forma posible el propósito de salvar al incauto hobbit, es decir, de comunicarse de una manera lo más efectiva posible. Este compromiso es de lo que se trata el principio de economía: intentar comunicar lo máximo posible con el mínimo esfuerzo necesario. En nuestro ejemplo tenemos el peligro como acicate para la brevedad, pero en la vida no friki es más fácil encontrarse algo más prosaico en el papel de esta función, como el aburrimiento del que nos escucha: si la información es redudante, se tiende a su eliminación (de ahí, por ejemplo, la supresión del pronombre personal en castellano, donde existe una flexión verbal que ya aporta la información de persona). Tanto Frodo como Sam, por cierto, tendrán concepciones distintas de lo que es este compromiso, pero en cualquier caso ambos respetarán unos límites: puede que Sam susurre más alto que Frodo, pero en ningún caso, puesto que no es un Ent, se pasará susurrando cuatro meses seguidos.

Si echamos un vistazo al sistema consonántico del rotokas para ver cómo se cumple en él el principio de economía, vemos que: 1) las consonantes necesitan sonar lo bastante distintas al oído como para que no se confundan, pero 2) las consonantes no pueden producirse de manera tan distinta que sea un lío pronunciarlas (por muy divertido que suene, no podría inventarme una consonante que fuese un estornudo y pasarme la vida haciéndome cosquillas en la nariz con una pluma). Para todo el que sepa un poco de fonética, la eficiencia y simetría con que el rotokas negocia estos parámetros da mucho miedito. Punto de articulación, sonoridad y nasalidad: solo tres variables, nueve posibilidades, para producir un número infinito de significados. Cada una de estas consonantes parece repartida en la boca con una vara de medir. Bastante opuesto al binario, ¿no?

Pero, ¿cuál es el límite? ¿Cuánto podemos reducir los fonemas de una lengua hasta que se rompa el principio de economía, y por lo tanto su condición de “lengua natural”? Los que sepan algo de árabe sabrán que no hay diferencia entre /p/, /t/, /k/ por un lado y /b/, /d/, /g/ por el otro, pero esto se suple añadiendo otras complejidades, por lo que no nos vale como ejemplo.

Lamentablemente, una vez más nos encontramos con la frontera final del ejercicio teórico del lingüista, ese deseo oscuro que nos acecha en lo más profundo de nuestros corazones, pero que siempre quedará relegado al maquiavélico terreno de las utopías inconfesables que nunca nos atreveremos a realizar: coger a unos inocentes bebés, montar con ellos un show de Truman donde solo se hable lo que nosotros queramos, y ver qué demonios pasa con sus pequeños y blanditos cerebros. ¡Lástima! Pero si alguien tiene una idea menos del Doctor Mengele, que por favor nos deje un comentario.

La compulsión del nombre

abril 14, 2011 § Deja un comentario

Siempre ha fascinado, y al mismo tiempo ha infundido respeto, la relación casi mágica que los nombres a veces mantienen con los objetos que nombran. En entradas anteriores hablábamos de los nombres de nuestros abuelos como reliquias etimológicas. Ahora vamos a analizar los nombres desde otra perspectiva para intentar explicar qué es eso de la compulsión del nombre y por qué ha interesado desde siempre a las distintas culturas.

La compulsión del nombre la podríamos definir como una suerte de “determinismo nominal” sobre el sujeto al que apunta. Para ser más claro, el tema de la compulsión del nombre plantea si el nombre de alguna manera puede afectar o modificar las características de la persona a la que hace referencia. Pongamos un ejemplo, imaginemos que asistimos al bautizo de los siete enanitos y que justo al nacer recibieron sus nombres: Gruñón, Tímido, Dormilón, Feliz… la compulsión del nombre determinaría la personalidad que desarrollaron luego, y no su personalidad al nombre que recibieron más adelante. Este fenómeno se ha estudiado en psicología y algunos autores plantean que puede haber una sugestión real que de alguna manera explique ciertas “coincidencias” entre la relación del nombre de una persona con su profesión, con algún aspecto de su carácter, etc. Así que depende de si yo fuese el enanito Gruñón o el enanito Feliz, iría a hablar con el responsable…

En internet encontramos curiosos casos de este tipo de fenómeno al que también se refieren como “los predestinados” (http://juegosdeingenio.org/archivo/976http://en.wikipedia.org/wiki/Nominative_determinism). Os pasamos los enlaces por si queréis investigar más, y también os animamos a que nos contéis si vosotros mismos conocéis ejemplos de esto entre vuestros conocidos.

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