La tilde y el acento

abril 19, 2012 § 3 comentarios

Leía el interesante post del blog Horrografías ¿De dónde salió aquello de “n, s o vocal”? (que os recomiendo) y me volvían a la mente algunas reflexiones sobre el sistema de acentuación, o más específicamente de tildación del español.

Creo que el sistema de poner tildes en español tiene un origen lógico y sensato, pero la buena voluntad y el interés por sacarle más rendimiento lo han complicado innecesariamente, haciéndole perder la lógica.

Las reglas generales son bastante sensatas y, hasta el sistema de tildación de palabras graves y esdrújulas, casi todo tiene sentido. No termino de entender que la regla no se aplique a todas las palabras terminadas en ‘s’ sino solo a las que acaban en vocal+’s’ (por ejemplo, carnets o carcajs no se acentúan aunque sean agudas acabadas en s, porque no terminan en vocal+s), sobre todo que haya que rebuscar en las normas de acentuación para encontrar la norma.

Pero el despropósito empieza con la destildación de los monosílabos. Parece la típica norma para contentar a todos que acaba complicando la vida de todos. Esta norma es el origen del debate sobre la tildación de guion/guión (guion es un monosílabo ortográficamente, como lo es Juan o truhan, y por lo tanto no debe llevar tilde; el problema reside en que lo pronunciamos como un disílabo, y de ahí la confusión).

El desaguisado continúa con el uso de la tilde para marcar el hiato (dúo lleva tilde para romper el diptongo entre la U y la O ), y termina con la excepción de la tildación de los adverbios terminados en ‘mente’ (se acentúan los adverbios terminados en mente si el adjetivo del que derivan lleva tilde: fácil->fácilmente, pero tonta->tontamente) . Y el remate del tomate: la tilde diacrítica, que en teoría sirve para diferenciar palabras iguales pero que en la práctica hace que no demos ni una en los qués, quiénes, cuántos, cómos y dóndes.

En diversas entradas de este blog tenéis algunas reflexiones adicionales sobre este asunto, que ya veis que nos gusta:

Y por supuesto tenéis el silabeador y el acentuador para hacer todo tipo de pruebas y análisis.Y si os sentís con fuerzas podéis comprobar vuestra sabiduría con los ejercicios de silabeo y acentuación.

Las tildes, ¡ese tema!

Te echo de menos o te *hecho de menos

febrero 3, 2012 § 2 comentarios

Creo que no soy el único que se intranquiliza cuando tiene que escribir la expresión te echo de menos. Ese «echo», ¿lleva hache?

Mi cerebro empieza a reflexionar sobre el asunto semánticamente: ¿viene del verbo echar o del verbo hacer?, voy a google, en fin al final hasta hay veces en que tras pensarlo enormemente me equivoco.

Así que hoy me he decidido a resolver el asunto de una vez, y me he dado cuenta de que la sintaxis nos ofrece una solución muy sencilla. Hecho/hecha/hechos/hechas del verbo hacer son participios y echo/echa/echas del verbo echar son formas conjugadas, por tanto, si la forma verbal no es un participio, ¡no lleva hache!

Así que dejad de sufrir y quitad la hache a todos los «hecho/a/as» de menos, cuando vayan precedido de un sujeto o un pronombre. «Juan echa de menos a su chica» o «te echo de menos».

De Aceitedeoliva.com

Si estamos hablando de un bizcocho, y dado que va precedido de una forma verbal, hay que mantener la hache, ya que en este caso el origen es el verbo hacer, así «el bizcocho estaba hecho de menos».

¡He dicho!

Post Data humorística:

Aunque estaba pensando que también hay problemas con las tildes, ya que también se puede decir «té hecho de menos» si nos referimos a una tisana que no ha terminado de madurar en la tetera.

Fonología, fonética, escritura y ortografía.

septiembre 7, 2011 § 10 comentarios

Nos consulta el amigo Emilio sobre el acentuador de los Molinolabs. Dice

…estudiando un poco sobre los diptongos, veo que cuando hay dos vocales débiles juntas, e.g. la palabra «ruido», usando el acentuador y diciéndole que las sílabas son -naturalmente-: «rui» y «do», y la sílaba tónica «rui», me da la palabra sin tilde; eso está bien, pero si la palabra se pronunciara con «u» como la vocal tónica, no habría manera de que ese caso estuviera contemplado, tal vez porque no existe un caso así en castellano (no lo sé), es decir, un caso donde en un diptongo de vocales débiles, la primera sea la tónica; no conozco palabra así pero es un caso hipotético como los que se pueden introducir en esta página, y no sé si corresponde a un caso real; si correspondiera, entonces habría que hacer una modificación en la página para que acepte tal situación.

Antes de darle nuestra opinión al respecto, necesito hacer una reflexión más general.
El lenguaje oral (para mí el primigenio y del que deriva todo lo demás) es una riada de sonidos, de hecho algo así como una canción. Eso lo estudia la fonología, que trata de aislar los sonidos correspondientes al acto comunicativo. Así tenemos sonido en estado puro. El objeto real. El problema está en que es una información analógica muy difícil de tratar.

Los humanos, seres digitales por necesidad, tratamos de normalizar y de encontrar una estructura. Ahí entra de lleno la fonética. Una vez que tenemos los sonidos, los agrupamos y los categorizamos. Esta asociación y categorización es diferente para cada lengua e incluso para cada individuo. Así en nuestra mente hay un rango de sonidos que asociamos con la letra «B». Este rango de sonidos va desde las bes de «bomba», que suenan muy parecidas a «pompa», a la b de «abastecer» que suena muy parecido a la «v» [¿no os parece más sencillo confundir la b y la v al escribir abastecer que al escribir bomba?]. Esa categorización la hace el cerebro en un nivel tan bajo que es prácticamente inconsciente. Es la responsable de nuestra capacidad de entender y hablar bien diferentes lenguas, ya que cada lengua tiene la suya.

Aquí se produce la primera digitalización del lenguaje. Todavía en la mente. A partir de esta categorización, la fonética simplifica los sonidos en unas categorías que son los fonemas [dicho esto de manera simplificada]. Así podemos hacer una transcripción fonética de una palabra. Estas transcripciones indican bastante aproximadamente cómo se pronuncia una palabra. De hecho podríamos tener diferentes transcripciones fonéticas de cada palabra, en función del individuo, del dialecto, etc. La escritura fonética sería más precisa, reflejaría mejor la pronunciación pero nos daría unos detalles que quizá no necesitamos.

La siguiente fase de digitalización se produce al asociar los fonemas a las letras o grafemas. Puede que un fonema se corresponda con un grafema, en español el grafema “a” corresponde con el fonema /a/ o con varios, el grafema “g” es el fonema /x/ (delante de “i” y “e”), como en  «gente», y el fonema /g/ (en las demás posiciones), como en  «ganas». De hecho, y esto es un hecho desgraciado que origina muchos problemas ortográficos, diferentes grafemas pueden corresponder al mismo fonema. En español, el fonema /b/ puede corresponder al grafema “b” [en «baile»] o al grafema “v” [en «vuelo»].

Así que la escritura, inicialmente regida por la gramática en general, es una simplificación del lenguaje oral, y siempre que simplificamos podemos perder información interesante o importante. En este proceso de simplificación y ya desde el punto de vista gramatical, determinamos que cada palabra tiene una sílaba tónica y el resto son átonas. En este sentido la fonética permite trabajar con acentos primarios y secundarios, pero la gramática no.

La última simplificación corresponde con la ortografía. La gramática determina cómo se transcribe una palabra y después la ortografía establece las normas específicas de escritura. Realiza una última digitalización y determina las normas correctas de escritura. Su objetivo es que el sistema de escritura tenga lógica en sí mismo. Para ello sacrifica aspectos fonéticos. Por ejemplo la ortografía fija las reglas del español para colocar la tilde. Parte de unas normas gramaticales, cada palabra sólo podrá tener una sílaba tónica, y determina cómo se coloca la tilde.

Podría establecer la norma de que la tilde se colocará sobre la vocal principal de la sílaba tónica de la palabra. Y todas las palabras de español tendrían tilde. Es soberana para decidir las normas de escritura. La ortografía española tiene que encontrar un equilibrio entre muchos aspectos (esto puede producir desviaciones algunas veces), y sobre todo tiene que tratar de fijar criterios que permanezcan en el tiempo ya que hay una enorme resistencia a cambiarlos. Según parece, esto tiene que ver con la ventaja competitiva que tienen los que dominan las reglas ortográficas, ya que tienen más prestigio social y pueden acceder a mejores puestos de trabajo, ya que la corrección ortográfica es un valor en una oposición. También tiene que ver con la enorme resistencia de los hablantes a los cambios, sobre todo a los impuestos y más en algo que consideramos nuestro como es nuestra lengua.

Uno de los aspectos que la ortografía prima es la economía, y muchas reglas ortográficas van en esa dirección. Un ejemplo es la norma de acentuación de palabras agudas, graves y esdrújulas. Son un monumento a la economía. Un porcentaje enorme de las palabras en español no llevan tilde, y eso es porque alguien ha buscado unas normas para que esto sea así. En español abundan las palabras llanas y las terminadas en vocal, «n» o «s», así que esas no se acentúan. Eso obliga a que las agudas con estas terminaciones lleven tilde. Como casi no hay esdrújulas, éstas se acentúan todas.

Una vez descubierto que realmente la tilde no se empleaba mucho, a alguien se le ocurrió darle otro uso. En español, diferenciamos dos tipos de vocales, las abiertas, [«a»,»e»,»o»] y las cerradas [«i»,»u»]. Las abiertas siempre entendemos que se comportan como vocales, formando el núcleo de su propia sílaba. Las cerradas, depende. Si están solas, funcionan como vocales, pero si están junto a una vocal abierta tienden a desaparecer y a convertirse en una consonante [de hecho, pasan a llamarse «semiconsonantes» porque pierden su identidad de vocal; la «i» de «ciego», por ejemplo, se parece mucho a la «y» de «cayado».].

La regla general es que una vocal cerrada junto a una vocal abierta forman una única sílaba, siendo el núcleo de la sílaba la vocal abierta[diptongo]. Esto sería estupendo para la ortografía. Pero la fonética y la gramática presionan para que se pueda reflejar mejor la realidad fonética y que se puedan distinguir los casos en los que en realidad se pronuncian como dos vocales diferentes[hiato].

A regañadientes, a la ortografía en su afán ahorrador y en plan chapuza se le ocurre una solución. Como la tilde se usa poco, puedo usarla para marcar cuándo una vocal cerrada junto a una vocal abierta funciona como vocal independiente. Y así fija la norma. Norma que presenta dos problemas graves.

El primero, que sólo me permite marcar la ruptura del diptongo cuando la vocal cerrada es la vocal tónica de la palabra.Y ¿por qué es un problema?, por que por ejemplo la palabra «preinscribir» se pronuncia «pre-ins-cri-bir» pero la sílaba tónica es bir, con lo cual no puedo usar la tilde para marcar la ruptura del diptongo y su silabeo ortográfico sería «preins-cri-bir». Otro caso, quizá mas discutible sería «actuar». El silabeo ortográfico sería «ac-tuar» pero el fonético tendería a ser «ac-tu-ar». Lo que ocurre es que como la u no es la vocal tónica, nos quedamos sin saberlo y nos resulta imposible saber si la primera persona del singular del presente de indicativo es «actúo» o «actuo» simplemente a partir del infinitivo.

El segundo problema, relacionado con el anterior, es que sólo puedo representar un hiato por palabra.
Así que me encuentro con un quiero y no puedo: un sistema que se usa para mejorar algo y que finalmente no aporta demasiado.

La solución hubiera sido sencilla: usar una tilde de otro tipo para indicar esta característica, algo así como «preìnscribir», «actùar» o así «preînscribir», «actûar» o quizá esta forma «preïnscribir» o «actüar».

En este sentido, el problema más enrevesado, aunque poco abundante es el que plantea Emilio. ¿Qué pasa si tengo una sílaba con dos vocales cerradas? Aquí la ortografía se trata de quitar de en medio rápidamente. Forman siempre una única sílaba, se acentúan según la regla general de agudas, graves y esdrújulas y en caso de necesitar tilde, ésta se coloca sobre la segunda vocal. Así que es imposible diferenciar ortográficamente entre «rú-i-do»,»ru-í-do»,»rúi-do» o «ruí-do»[para la poesía hay una solución que es marcarlo así, con lo que se llama crema: «rüido» si son dos sílabas].

El ortógrafo ahorrador fijó una nueva norma para eliminar las tildes, y pensó: ¿Para qué vamos a poner una tilde a los monosílabos? Si sólo tienen una sílaba, esa es la sílaba tónica. Así que nos ahorramos una tilde. Esta norma, inocente y simple en sí misma, complica mucho las cosas, sobre todo por sus consecuencias. En primer lugar hay palabras que son monosílabas y átonas, como las preposiciones, las conjunciones y los determinantes, así que no tendrían que llevar tilde en ningún caso. Con esta norma, perdemos la posibilidad de diferenciarlas.
En segundo lugar, y aquí entran de nuevo las vocales cerradas, puede que fonéticamente sean bisílabas, pero si la sílaba tónica es la de la vocal abierta no tengo manera de indicarlo. Aquí tenemos el caso de «truhan» y «guion». Son monosílabas y por tanto no pueden llevar tilde. Aquí a la Real Academia se le ocurrió en su momento volver a aprovechar la tilde para diferenciar esas palabras y propuso que «gui-ón» se acentuase para señalar esa situación. El problema es que le estamos dando un tercer uso a la tilde y de un modo poco consistente. ¿Vamos a crear una regla ortográfica específica para tan pocas palabras? Y si la aplico, ¿cómo podría diferenciar entre la hipotética palabra «re-gui-ón» y «re-guión»? Al final las cosas se han dejado como estaban.

El siguiente uso que se le ocurrió al ortógrafo ahorrador para la tilde fue usarla para diferenciar monosílabos. Ya que los monosílabos no se acentúan, pensó, puedo usar la tilde para diferenciar palabras, y así tenemos «té» y «te», «tú» y «tu».

Como colofón y ya para indicar todos los usos de la tilde en español, se ha permitido a unas palabras usar la tilde de modo diferente. Para mantener la información de la pronunciación de los adverbios terminados en mente, las reglas de acentuación se aplican no a la palabra completa, que no llevaría tilde en ningún caso por ser llana y terminar en vocal, sino al adjetivo originario. Esta es la razón por la que «fácilmente» o «cortésmente», a pesar de ser palabras llanas, llevan tilde.

Así que como resumen de tanta explicación, tenemos que recordar por un lado que la ortografía es una simplificación del lenguaje hablado, por lo que a veces no es posible indicar determinados aspectos fonéticos, y por otro lado que sus normas a veces son un tanto arbitrarias, impidiendo la representación de determinadas palabras teóricas que podrían darse (o no)  en el propio lenguaje.

Y como conclusión curiosa y chocante, resulta sorprendente descubrir que hay palabras que no se pueden escribir en español. A ver si se os ocurre algún ejemplo y nos lo dejas de comentario 🙂

Pie, píe, pié. A vueltas con la tilde

agosto 29, 2011 § 2 comentarios

¿Cómo se acentúa pie-píe-pié? Eterno dilema. Tenemos tres signficados:

1. Extremidad de la pierna, que va desde el tobillo hastala punta de los dedos, se apoya en el suelo y sirve para andar. Lo que vienen siendo los pinreles.

2. El verbo «piar» en Pretérito Perfecto Simple.

3. El verbo «piar» en Presente del Subjuntivo.

Cosas bien distintas, y si bien las tres casi comparten palabra, cada una se pronuncia de una manera distinta. Y digo casi, porque aunque tienen las mismas letras (P,I,E), la distribución de acentos no es igual en todas. Para saber acentuar correctamente una palabra debemos saber cómo se pronuncia, así que para empezar, separaremos si se pronuncian una o dos sílabas (¡ojo! hablamos de sílabas fonéticas, es decir, dividimos atendiendo a cómo pronunciamos. Olvidémonos por un momento de las sílabas ortográficas y de los diptongos e hiatos tradicionales)  y en negrita marcaremos sobre qué vocal recae el peso (los señores fonetistas disculpen la transcripción de andar por casa. Es poco ortodoxa, pero sirve para entendernos).  Como el objetivo es  saber si estas palabras se acentúan, vamos a prescindir de las tildes por ahora.

1. El pinrel: se pronuncia pie. Es decir, en una sola sílaba y con la fuerza recayendo sobre la e final.

2. El verbo piar en  Pretérito Perfecto Simple: pi-e. Dos sílabas, la fuerza recae en la e.

3. El verbo piar en Presente del Subjuntivo: pi-e. Dos sílabas, la fuerza recae en la i.

Ahora, para saber cuándo poner tilde y dónde, necesitamos refrescar algunas reglas de acentuación que nos harán falta.

– Las palabras monosílabas no llevan tilde (dejamos al margen las excepciones, que en este caso no nos afectan).

– Dos vocales forman diptongo si se combinan una vocal abierta y otra cerrada (las abiertas son A,E,O, las cerradas son I/U).

– Por defecto, en un diptongo la vocal sobre la que recae la fuerza es la abierta. En caso de que caiga sobre la cerrada, se indica poniéndole tilde a la cerrada, y en ese caso se «deshace el diptongo» y quedan dos sílabas. Es algo así como que la vocal cerrada, que es débil y timorata, tuviera que ir siempre pegadita a su vocal abierta. Sin embargo, cuando recae sobre ella la fuerza del acento, consigue superpoderes y puede volar sola, y separarse de la vocal abierta de la que dependía.

Vamos a empezar por el tercer caso (pi-e), que es el más fácil. Tenemos una palabra que pronunciamos como dos sílabas y además la fuerza de la palabra recae en la i. Así que no hay más que poner una tilde sobre la i y matamos dos pájaros de un tiro: con la tilde marcamos que se pronuncian dos sílabas en lugar de una (aquello de «romper el diptongo») e indicamos que la i es la vocal sobre la que recae la fuerza (le otorgamos superpoderes a la i para separarse de mamá e). Y así obtenemos «píe«, como en Que yo píe en lo alto de mi árbol no es asunto tuyo (sí, es un verbo un poco rarillo para buscarle un contexto en 1ª persona del singular del Presente de Subjuntivo).

Vayamos ahora a por el primer caso, el del pinrel (pie). Pronunciamos la palabra como monosílaba, y la fuerza recae sobre la e final. Estupendo, porque eso quiere decir que no tenemos necesidad de deshacer ningún diptongo (la i y la e se pronuncian en una sola sílaba) y la fuerza recae sobre la vocal abierta (la e), que era el caso por defecto, es decir  no necesitamos darle superpoderes a la i, porque en este caso se pronuncia en su forma timorata. Y así obtenemos «pie«, como en Me torcí el pie y ahora voy con muletas.

El segundo caso (pi-e) es el puñetero. Veamos: se pronuncia en dos sílabas, no en una. Como la i junto a la e forma un diptongo, nos hace pensar que tendremos que concederle superpoderes a la i para que pueda independizarse de la e y así deshacer el diptongo y tener nuestras dos sílabas. Pero, ¡horror!, nos percatamos de que la fuerza recae sobre la e, no sobre la i. Demonios, tenemos un dilema: por un lado queremos indicar que se pronuncian dos sílabas distintas, pero a la vez queremos decir que sobre quien recae la fuerza es la e. Antes, con el caso de «píe» la tilde nos mataba dos pájaros de un tiro. Ahora queremos matar dos pájaros con dos tiros distintos, pero las reglas de acentuación sólo tienen un perdigón. Si ponemos el acento en la i, estaremos indicando que hay dos sílabas (eso nos interesa) pero al concederle superpoderes a la i, también le estaremos adjudicando una fuerza que no recae sobre ella.

Sin embargo, si el acento lo ponemos sobre la e, tendremos un problema: no estaremos indicando que hay dos sílabas (dejaremos a la i en su estado timorato sin superpoderes, pegada a la e), y en cambio estaremos comentiendo una falta doble: por un lado porque los monosílabos no se acentúan, por otro porque se da por sentado que en un diptongo la vocal abierta es la que asume la fuerza de la pronunciación y por lo tanto no ha de acentuarse. Lo que en realidad querríamos sería tener una manera de indicar que la i y la e no forman diptongo en este caso, y que además la fuerza recae sobre la e. Desgraciadamente, el español no tiene forma de indicarlo, porque la tilde en español conlleva ambos rasgos (ruptura de diptongo y marca de sílaba tónica). Es el mismo problema del manido guión/guion o truhán/truhan. Queremos indicar que es bisílaba (al menos fonéticamente: nuestra pronunciación de «truhán» se parece más a la de «zaguán», que también es bisílaba, que a la monosílaba «Juan») y también queremos marcar que es aguda.

Conclusión: no podemos ponerle tilde.

Consecuencia: la palabra queda como «pie» (Anoche pie toda la noche desde mi nido), es decir, con la misma forma que el pinrel, a pesar de que se pronuncian de manera diferente. Lo sé, dan ganas de ponerle tilde («pié»), pero hay que reprimirse el ansia acentuador, y conformarse con esta pareja de homógrafos (aunque no homófonos) tan mal avenida.

El ansia viva

julio 15, 2011 § 1 comentario

A muchos os sonará esto de «el ansia viva»:

La duda recorre las calles desde el principio de los tiempos, desde que el lenguaje es lenguaje y desde que el artículo «la» es femenino y el artículo «el» es masculino. Si es «ansia» y » vivA», ¿por que es «el»? La respuesta, como las cosas más desconocidas y bonitas de la vida, está en la fonética (ya, no soy imparcial, pero ahora veréis lo que os digo).

Si dijéramos «la ansia» tendríamos un problema con las dos vocales «a» tan juntitas. Si lo intentamos pronunciar, notamos que hay que hacer un esfuerzo «extra» para que la «a» de «ansia» se distinga bien. Pero claro, como siempre decimos, la lengua es un poco perezosilla para estas cosas y tiende a buscar soluciones que requieran de menos esfuerzo, así que para evitar ese titánico aumento de intensidad que se requiere para hacer la distinción, cambiamos el prefijo «la» por «el» y nos quitamos de problemas. De este modo, tendremos cosas como «el hacha», «el agua», «el aula», «el ansia», «el ágora», «el águila», «el hada»…

El hacha de Gimli

¿Qué tienen todas estas palabrejas en común? Pues sí: todas comienzan por «a» tónica. Cuando esa «a» es átona (como en «angina») el artículo queda femenino: la angina, porque al no tener peso acentual, no necesita tanta identidad y puede fundirse tranquilamente con la «a» de «la». Así que, he aquí la primera clave: todas los sustantivos que empiezan por «a» tónica van precedidas del artículo «el».

Pero no es tan fácil… no no. En cuanto cambiemos de pronombre, esto se acabó, y volvemos a usar el femenino: «las aguas», «estas hadas», «unas aulas», «mucha  hambre»… Se oye a menudo «mucho hambre», lo que en teoría no es correcto (tengo un «hambre canina», no un «hambre canino»). Por cierto, con un/una se puede usar indistintamente (un hacha / una hacha). Incluso si metemos algún adjetivo entre el artículo y el sustantivo, volvemos al femenino («la afilada hacha», y no «el afilado hacha» ni «el afilada hacha»).

Las hachas de Gimli

Ya veis, aquí tenéis la razón. Como siempre, hay algunas excepciones a esta regla: nombres propios (La Haya, por ejemplo, pero «el África»), nombres de letras («la a», «la hache») y sustantivos de género común (la ánade, la azúcar, la árabe). Así que ya sabéis: cada vez que os entre el ansia viva, no olvidaréis coordinar correctamente artículo y sustantivo 🙂

Paranoias emparano?antes

marzo 23, 2011 § 4 comentarios

Hay cosas que realmente hacen que uno se coma la cabeza. Es inevitable, qué le vas a hacer. Te entra la paranoia y ya es imposible sacarla de la cabeza. Es en ese momento cuando puedes decir con toda tu buena voluntad que estás… ¿como? ¿Emparanoiado? ¿Emparanoyado?

Parece que nadie tiene problemas en pronunciar esta palabra, que fonéticamente se transcribiría como [em.pa.ɾa.no.ˈja.ð̞o], pero a la hora de escribir, cuesta decidirse por la i latina o la i griega. Así que, en nuestro afán investigador, anoche lanzamos la pregunta por twitter (@MolinodeIdeas) para que los que quisierais nos dierais vuestra opinión. El resultado fue sorprendentemente parejo, si bien es cierto que la mayoría preferían la forma «emparanoiar», alegando que es un verbo que deriva del sustantivo «paranoia» (y no «*paranoya«). Pero si luego nos vamos a las formas flexionadas y… ¿Tú emparanoiases? ¿Ellos emparanoiarían? ¿Nosotros emparanoiemos? Uf, parece que chirría un poco más, ¿no? Tantas vocales juntas generan un conflicto tanto gráfico como de pronunciación, y como preferimos pronunciar algo que se acerca más a «emparanoyáis», también nos gusta más a la vista que «emparanoiáis».

De todos modos, esto es un asunto conflictivo siempre. ¿Cómo pronunciamos «hielo»? ¿Hacemos una i griega? ¿Una i latina? ¿O algo a medio camino? La respuesta es: depende. De la persona, del momento, del contexto… Pero ahora os preguntamos: ¿vosotros qué preferís? ¿Emparanoiar o emparanoyar? El lenguaje es vuestro.

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