El lematizador inventa sus palabras (II)

marzo 7, 2012 § 1 comentario

Segunda parte de las sugerencias que nos ofrece el lematizador.

cejilla: los pelos de la guitarra

rutina: el caminito de siempre

agrieta: el sabor que te resquebraja el paladar

paladín: elemento químico que se degusta con churros

glorieta: Dios en la rotonda

patetas: las mías

avecina: la pájara del piso de enfrente

bayeta: fruto rojo que absorbe el agua

bobina: la tonta que se enrolla

bonete: sombrero canjeable

botica: calzado medicamentoso

caballete: atril equino

cabestrillo: buey lesionado

calderilla: puchero numismático

califica: príncipe árabe en función adjetival

camina: colchón caminante

carpeta: pez archivador

celestina: color alcahuete

cometa: signo de puntuación estelar

comodín:  confortable joker

coronilla:  límite de la paciencia monárquica

cortina: mujer bajita que te cubre las ventanas

corchete: [tablón]

cretina:  miserable isla mediterránea

costilla: litoral torácico

Puedes leer la primera parte del post aquí.

¿Compartir con analógico vs. compartirle digital?

enero 27, 2012 § 6 comentarios

El siguiente vídeo explica de manera amena la diferencia entre copiar y robar.

Internet y lo digital permiten que tratemos las cosas de manera diferente a como tratamos las cosas físicas. Como dice en el vídeo, si una persona tiene un ebook y yo lo copio, esa persona sigue teniendo un ebook y ahora yo también. Si una persona tiene un libro y yo se lo robo, yo tengo un libro pero esa persona ya no lo tiene.

Eso hace que las cosas digitales se comporten de una manera muy diferente a las cosas físicas. Buena parte de políticos e industria de la cultura no parece querer entender la diferencia. Menos mal que parece que la lengua sí se está dando cuenta del cambio de paradigma.

El verbo compartir tiene un sujeto (por ejemplo: “yo”) un objeto directo que representa la cosa a ser repartida (“la ensalada”) y otro argumento precedido de la preposición con (“con mi señora”). Es decir: “yo comparto la ensalada con mi señora”. Lo podemos leer en el Diccionario del Español Actual, donde “compl CON” quiere decir ‘un complemento (un argumento) precedido de la preposición con‘.

Sin embargo en el Molino hemos detectado que cuando nos mandamos archivos digitales los unos a los otros, o cuando permitimos que otras personas puedan entrar a un archivo que tenemos en la nube, no decimos “comparto este archivo con vosotros”, sino que decimos “os comparto”, “te comparto”, etcétera. Es decir, lo que antes era con complemento con con, ha pasado a ser un complemento indirecto.

¿A qué se debe este cambio? En mi opinión, compartir una cosa física es tan diferente a compartir una cosa virtual, como son diferentes robar y copiar. Y es que si yo comparto una ensalada con mi señora, me quedo sin la mitad de la ensalada. Sin embargo puedo compartir un documento con mis compañeros y sigo teniendo la totalidad del documento, y ellos también.

Vamos, que la sintaxis entiende Internet mejor que los políticos.

SOBRE EL INSULTO II

agosto 17, 2011 § Deja un comentario

Hay numerosos mitos que explican el nacimiento del lenguaje, pero ninguno que yo conozca que hable sobre uno de los primos malos del lenguaje, el insulto. Se hace difícil pensar que el insulto no naciese a la par que el lenguaje. En  el momento en que se pudo poner nombre a un zoquete, seguramente se hizo (lo que es indiscutible es que los zoquetes preceden tanto a la creación del lenguaje como a la del insulto). Personalmente creo que el insulto no sólo responde al afán de ofender a alguien, sino también de liberar un pensamiento, tan obvio y molesto que necesita salir. En el insulto podemos ver el afán del ser humano por etiquetar, poner un nombre a todo lo que le rodea, sacar una cosa del caos de todo lo que puede ser, para llevarlo a un remanso -muchas veces falaz- de lo que decidimos que es para nuestro sosiego. Veamos qué decimos cuando insultamos o a qué hacían referencia nuestros insultos:

-Energúmeno del griego ἐνεργούμενος (poseído).

-Embustero es la persona que engaña (los embustes también eran baratijas, alhajas de poco valor).

-Chalado es del verbo chalar y viene del caló “enloquecer”, estar privado de juicio.

-Canalla originariamente significaba en italiano jauría, grupo de perros.

-Zopenco, de zopo: torcido o contrahecho (se dice de las extremidades del cuerpo).

-Zascandil (enredador), la etimología apunta a que puede venir de la onomatopeya zas y de candil, haciendo referencia a cuando los estafadores o maleantes apagaban las luces rápidamente para dar un golpe y robar algo.

-Zangolotino: viene del verbo zangolotear, moverse de manera aleatoria, sin criterio o propósito. (Zangl sería una onomatopeya del balanceo).

-Idiota, viene del griego y significa especial, singular, particular.

-Imbécil, viene del latín y significa débil, enfermizo.

-Mentecato, del latín mente captus (mente y cogido).

-Pécora, es oveja en latín. Mala pécora haría referencia a las ovejas que se apartan del rebaño, se ha usado para las mujeres de vida licenciosa.

-Cretino vendría del francés chrétien, “cristiano” y hace referencia a los cristianos de la región alpina de Saboya que padecieron una enferemedad que pasó a llamarse cretinismo, enfermedad de la tiroides.

-Mamarracho, viene del árabe bufón.

-Bribón sería el que se dedica a la briba, que es la holgazanaería o la picaresca.

-Pazguato, es una persona simple. Puede venir de apazguado (con el que se han hecho las paces).

-Pánfilo viene del griego, “amigo de todo”

Bueno, estos son insultos que ya existen; si quieres innovar, el Insultador es tu herramienta…

SOBRE EL INSULTO I

agosto 16, 2011 § Deja un comentario

El insulto es polifacético, puede ser sutil o tosco, su uso puede ofender o indicar cercanía y complicidad entre dos personas. Hay una larga tradición en “el arte del insulto” apoyada en grandes nombres, en abanderados del insulto que justifica su importancia cultural. Podríamos ser alarmistas y decir que el insulto original se está perdiendo a causa del monopolio de unos pocos insultos, pero en realidad, el insulto como proceso creativo y muchas veces catártico, siempre encontrará cauces por los que discurrir, y más aún en español que contamos con una estructura que se presta tan dócilmente a generar insultos. Esta estructura compositiva se basa en un verbo en tercera persona del singular más un sustantivo en plural del tipo: abrazafarolas, sacacuartos, matasanos, meapilas… y es justamente la que hemos usado para crear el Insultador de Molino de Ideas. Nuestro Insultador genera de manera automática insultos con este patrón, saliendo cosas tan curiosas y expresivas como: aburreviejas, indignalmas, pastoreacucarachas, llorachistes…

Visita el Insultador y pasa un rato divertido buscando el insulto que mejor se ajusta a tus amigos (luego se lo puedes enviar).

Imagen Molino de Ideas

Insultador (http://www.molinolabs.com/insultador.html)

Calendizar y recalendizar

julio 28, 2011 § Deja un comentario

Hoy @deberiana nos ha preguntado en twitter por el uso del verbo “recalendizar”. Si buscamos en el DRAE, por supuesto, no sale por ninguna parte. Es un verbo curioso, ¿no? Vamos a ver qué está pasando aquí.

Por un lado, vemos claramente que es un verbo que deriva de la palabra “calendario”. El propio usuario nos ha comentado para qué lo usa:

http://twitter.com/#!/deberiana/status/96509209969033217

A su vez, calendario deriva de la palabra “calenda”, que es el primer día de cada mes y es cuando se solían pagar las facturas (qué cambio, ¿no?). Calenda es una derivación de “calere”, un verbo latino que significaba “gritar” o “llamar”. Exactamente lo que hacían durante las calendas para recibir el pago…

Bien, ya tenemos claro de dónde viene. Ahora analizamos los procesos morfológicos que se dan. Por un lado, tenemos el prefijo “re” con el sentido de “volver a”, y por otro lado vemos que a la palabra “calendario” se le ha agregado un típico sufijo verbal: “-izar”. Es curioso que no haya dado “calendarizar” (que por aquí nos gusta más) o directamente “calendar” (“calendarar” quedaría demasiado raro por la repetidción de “ar”). Más gracioso hubiera sido “calendaritizar”, pero los hablantes no somos tontos y, si tenemos que crear un verbo, pues mejor cortito y que se entienda.

Buscando “calendizar” en Google nos salen varias entradas (no muchas, solo 374) en las que se usa el término con el sentido de ‘programar una determinada acción o proyecto en función a unas fechas concretas’. Así, encontramos frases como:

  • Obviamente es difícil calendizar un proceso mental, ya que no recuerdo grandes hitos o “cracks” en mi forma de pensar
  • Es imprescindible marcar fechas, calendizar este proceso
  • Puede administrar los recursos de tu empresa, calendizar sus eventos, vender sus productos directamente por internet sin ningún intermediario que lo limite

Si buscamos “recalendizar”, no obstante, tenemos pocas entradas (unas 40). Sin embargo, una vez hemos comprobado que el verbo “calendizar” se usa con un significado concreto y que varios hablantes, cada uno por su cuenta, lo han empleado para los definir lo mismo, podemos concluir que “recalendizar” es una construcción totalmente válida en nuestro idioma y significa más o menos ‘reorganizar las fechas de un evento ya programado con anterioridad’. ¿Habéis visto qué bien funciona la lengua? 🙂

Podéis consultar el verbo en nuestro conjugador:

 

¿Cómo se conjuga el verbo frungir?

julio 11, 2011 § Deja un comentario

Los que seguís a David Guapo seguro que conocéis el verbo frungir. Y seguro que a todos os consume la misma duda respecto a este verbo: ¿cómo se conjuga?

Aquí tenéis la conjugación del verbo frungir, para que frunjáis sin faltas de ortografía. Onoma nos informa de que frungir es un verbo irregular que se comporta como el verbo coger: en aquellos tiempos en los que la desinencia empieza por a/o/u, la g de la raíz se transforma en una j para mantener el sonido /x/. De coger, yo cojo; de frungir, yo frunjo.

Nos imaginamos que para los hispanoamericanos que nos lean, tendrá su gracia que el verbo frungir se conjugue igual que el verbo coger. Parece lógico 😉

La morfología de los morfologueros

julio 4, 2011 § Deja un comentario

¿Qué es la morfología? Es la rama encargada de estudar la forma de las palabras. Sin embargo, la morfología está excesivamente ocupada en analizar palabras ya existentes, en lugar de encargarse de estudiar las reglas de formación de palabras. Un buen sistema morfológico no debería contentarse con trocear palabras que ya existen, sino que también tendría que poder dar cuenta de la solidez de la estructura de una palabra inventada.

¿Os imagináis una teoría sintáctica tan restringida que sólo pudiese analizar oraciones que han sido previamente pronunciadas o escritas?  Pienso en:

El huevo Kinder gigante sonrió benevolente, y de repente, una manada de bicicletas salvajes brotó de las faldas del pingüino que miraba incrédulo el espectáculo, sin saber si reír o llorar.

Busco en Google. No parece que alguien la haya producido alguna vez, o al menos parece poco probable, pero, a pesar de lo insólito de la oración, ni pienso que por ello esté mal construida ni que sea una aberración sintáctica.  Un buen analizador sintáctico la analizaría sin problemas, y no creo que un corrector automático la marcase como incorrecta. Si bien es semánticamente disparatada y me arriesgaría a decir que es inédita, nunca pensaría que fuera sintácticamente incorrecta. Nadie entendería que se diese por inválida una oración por el simple hecho de no haber sido pronunciada antes.  Sin embargo, este razonamiento sí lo aplicamos en morfología.

No basta sólo con poder analizar lo que ya existe, lo que el uso ha refrendado. Los neologismos (es decir, las palabras de nueva creación) son el pan de cada día de la morfología, y surgen en cualquier campo: mileurista, cibersexo, tuitear, googlear, magufo, nivearse, quincemayista. Algunos se consolidan y logran hacerse un hueco en el vocabulario permanente de una lengua; otros son efímeros y se olvidan con rapidez, pero en cualquier caso, pervivan o mueran, la morfología debe poder dar cuenta de ellos.

La mayonesa de los mayoneseros

Este anuncio de mayonesa que inunda las pantallas y las marquesinas de media España es una fuente estupenda de neologismos. ¿Tiene sentido que una palabra como mayonesero aparezca marcada bajo el mismo subrayado amonestador de Word que la “palabra” ywetriqwtrqr? No parece que tenga mucho sentido, pero ocurre. Mayonesero es una palabra bien construida, como lo son dominguero o cervecero. Hay una diferencia entre “esta palabra no la he oído nunca” y “esta palabra está mal construida”, pero ni en la teoría morfológica ni en las aplicaciones prácticas (correctores, detectores, analizadores) se refleja esta diferencia abismal. Los publicistas del simpático anuncio de la mayonesa han lanzado, sin buscarlo (supongo), un guante a los morfólogos de ringorrango, aunque sospecho que no lo recogerán.

Ahora bien, no estamos diciendo que sea lo mismo que una palabra esté bien formada a que una palabra esté admitida en el uso. Pero sería un gran avance contar con herramientas que discernieran entre lo que está bien construido y lo que no, lo que podría ser una palabra y lo que no: un buen analizador morfológico integrado dentro de un corrector automático podría servir de avanzadilla del diccionario, cubriendo provisionalmente los huecos vacíos que la labor lexicográfica tarda en cubrir.

Por ejemplo, el corrector de Word no reconoce la palabra conjugador ( palabra que, por cierto, aparece en el DRAE como propuesta para la próxima edición). El de Google Chrome tampoco (probad a escribirla desde Gmail). Lo suyo sería que el corrector automático de gigantes como Microsoft o Google contara con un diccionario completo y constantemente actualizado, pero perdonémosles el despiste. Aun no teniendo un diccionario completo (hasta el mejor de los diccionarios siempre va un paso por detrás de los hablantes), si tuviera integrado un analizador morfológico en condiciones, al corrector le bastaría con tener el infinitivo conjugar para saber que conjugador es admisible (frente a otras variantes como *conjugasor, *conjugator, *conjugor o *conjugactor, que son morfológicamente inviables). Quizá sea pedir filigranas, pero ante una palabra desconocida, el analizador morfológico, una vez comprobada la validez de la estructura morfológica, incluso podría comprobar la frecuencia de aparición del neologismo (en un corpus, en diccionarios de frecuencia, en Google mismo), y en función de lo frecuente que sea, marcarlo de una manera u otra. Por ejemplo, aunque conjugador no apareciese en su diccionario, el corrector podría comprobar que no sólo es una palabra morfológicamente válida, sino que además es relativamente frecuente, y por lo tanto darla como buena, o marcarla con un color poco amenzante, quizá en verde. En cambio, mayonesero, aunque también correcta, podría ir con alguna advertencia de que su frecuencia es algo menor, en naranja. Las que estuvieran mal construidas y además tuvieran frecuencia nula, como ywetriqwtrqr, aparecerían en rojo.

Un corrector así superaría con creces a cualquier corrector que funcionase sólo con diccionarios, y le sería mucho más útil al usuario, ya que estaría preparado para cubrir los huecos que el diccionario no cubra, así como para bregar con los neologismos, y admitiría lo mismo que admite un hablante, descartando lo mismo que rechazaría un hablante.

En todo esto andamos trabajando en el Molino, así que los interesados en un buen analizador morfológico para integrarlo en su editor o sistema de OCR ya saben con quien tienen que hablar… 😉 Permanecemos a la escucha.

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