‘The End’ o ‘Acabose’

abril 16, 2012 § Deja un comentario

Pónganse en situación:

España, años 50, sábado por la tarde.

En alguna localidad perdida de la cuenca minera asturiana, medio pueblo acude al evento social de la semana: la sesión de cine. Hoy toca película americana, una de indios y vaqueros. Parece que la película ya está acabando: el sheriff ha abatido a tiros al jefe indio y besa a la chica. La imagen funde a negro, suenan violines y sobre la pantalla se lee The End. Nadie en la platea se mueve. ¿Por qué el público ni aplaude ni se levanta? No saben que la película ha terminado. Nadie en la platea habla inglés.

Parece un chiste (o un anuncio de academia de idiomas), pero no lo es. El dichoso The End con el que remataban buena parte de las películas del Hollywood clásico trajo cola en varios cines de la España profunda de la posguerra. El público no entendía qué significaba y pensaban que se trataba de una interrupción de la proyección. Quizá para algunos lugareños, ese era el primer contacto que tenían con el inglés. Así que en algunos cines de Asturias se optó por colgar un cartel  cuando aparecía el The End final  en el que se leía ‘Acabose’, la traducción al bable.

Y es que Asturias  también  ye different

Homonimia y polisemia

agosto 30, 2011 § Deja un comentario

Las palabras significan cosas. Algunas veces una palabra significa una sola cosa. Las más de las veces, una palabra significa muchas cosas.

¿Cómo llega una palabra a significar más de una cosa? La manera más frecuente es que una palabra que se utiliza inicialmente para denominar a un objeto por semejanza o cercanía adquiere un nuevo significado. Por ejemplo, la palabra “pie” referida a los pinreles humanos se traslada a la parte baja de una lámpara que pasa a denominarse “pie” porque se entiende que es la parte que la sostiene. De este modo, “pie” adquiere un nuevo significado. Esto es la polisemia.

Otra paradoja de Escher

La polisemia no es la única manera de que una palabra acapare significados, aunque sí es la más habitual. También puede ocurrir que dos palabras compartan una misma forma, aunque sus orígenes sean distintos y sus significados no estén relacionados. Es decir, se debe a coincidencias históricas, no a asociaciones mentales de los hablantes. Esto es la homonimia. Es el caso de “cola“, que significa tanto “extremidad posterior de algunos animales”, como “pegamento” o “bebida refrescante”. Mientras que la “cola” de los animales nos viene del latín (cauda), el pegamento proviene del griego (κόλλα) y la bebida del mandinga (k’ola), una lengua del Oeste de África. Las tres formas han coincidido, son formas homónimas. Por otro lado, la palabra “cola” con el significado de “rabo” adquirió el significado de “fila de personas que esperan” por polisemia, es decir, los hablantes tomaron la idea de extensión alargada y la aplicaron a la de una hilera de cosas.

A pesar de que las homonimias son fortuitas, algunos homónimos son “un matrimonio hecho en el cielo” : por ejemplo, la palabra Celsius, nombre de la unidad de temperatura en nuestro sistema de medida (la famosa C en ºC). Siempre había dado por sentado que, puesto que Fahrenheit era el nombre de un científico, Celsius también lo sería. Pero rebuscando en el diccionario de latín me encuentro con la palabra “celsius” (celse, celsius, celsissim), adverbio que signfica “más alto”, una palabra perfecta para ser la unidad de temperatura. ¿Coincidencia? Pues en este caso, sí. Compruebo en Wikipedia: efectivamente, Anders Celsius era un físico de la bella ciudad de Uppsala que dio nombre al grado, aunque también sea un adverbio latino que significa “de mayor altura”.

Caramba, parece que el hombre hubiera estado predestinado. Benditas homonimias.

Un refrán es un refrán, aunque esté mal traducido

agosto 26, 2011 § 1 comentario

Los refranes, como cualquier otra unidad lingüística, tienden a repetir sus estructuras. Hay cantidad de refranes que comienzan por más vale, otros empiezan por el que y su segunda parte comienza por un no… Pero hoy nos centraremos en aquellos que son a es a. Que se entienda bien, no a es b como en  errar es humano, el tiempo es oro o querer es poder. Sino a es a, como la pela es la pela o algo es algo. Por cierto, este es el refrán más frecuente en Google y quizás uno de los más simples.

Esta estructura es muy productiva en español, bastante más que en otros idiomas. Es usual decir que un día es un día, lo primero es lo primero, los negocios son los negocios… En otros idiomas también existe esta estructura, aunque no tan frecuente como en nuestro idioma. Un día es un día no parece tener una traducción directa en inglés, pero de hacerse se diría it’s just a day o usar la estructura it’s not everyday that… En alemán se traduce por Einmal ist Keinmal, literalmente ‘una vez no es ninguna vez’. Algo es algo tampoco parece muy aceptable traducirlo por something is something sino que sería mejor decir half a loaf is better than none o anything is better than nothing similar éste último al alemán besser das als nichts (‘mejor eso que nada’). Como vemos estos ejemplos no tienen nada que ver con la estructura a es a. Esto no significa que no exista: Geschäft ist Geschäft es la traducción directa y correcta de los negocios son los negocios. De hecho estas similitudes nos llevarán a un problema.

La estructura a es a parece darle un signicado muy similar a cualquier refrán: la cosa de la que se habla es especialmente importante y tiene que ser entendida y tratada de esa manera. Esto no quiere decir que todos los refranes que tengan un significado similar sigan esa estructura. Es decir: el tiempo es oro expresa algo parecido, pero no se dice el tiempo es el tiempo; decimos rectificar es de sabios y no rectificar es rectificar. Y preferimos decir lo prometido es deuda a una promesa es una promesa.

Aunque quizás a algunos no les suene demasiado mal este último. ¿Por qué? Probablemente porque el inglés a promise is a promise le apoya moralmente junto con el alemán versprochen ist versprochen. Pero en nuestro idioma, una promesa es una promesa, ¿se dice? Vámonos a los corpus para intentar analizar si se dice o no. En CREA y CORDE tiene en cada uno una única ocurrencia, dentro de novelas. En el corpus del Molino en cambio hay cuatro ocurrencias. En dos de ellas se encuentran dentro de citas que se dijeron en inglés, dichas por Condoleezza Rice y por un empresario en Nueva Delhi. La tercera está escrita por un angloparlante (Ian Gibson). Y la cuarta no tiene nada que ver con el inglés: es una noticia sobre penitencias en México.

A los periodistas de las tres noticias influidas por el inglés de nuestro corpus les diría que deberían haber escrito lo prometido es deuda, emparentado con el francés chose promise, chose due. Pero se lo diría a periodistas o a traductores. ¿Al penitente mexicano? Es decir ¿a un hablante? Le diría que lo prometido es deuda es mucho más frecuente y típico: entre CREA, CORDE y Molino hay 41 ocurrencias. Y le diría que una promesa es una promesa no es tan familiar pero sí es comprensible, tiene una estructura que es perfectamente española y nos recuerda a muchos refranes. Así que ¿qué mal hay en que entre en la lengua y compita o conviva con la forma más típica? Al fin y al cabo, el inglés es el inglés.

False Friends. But true friends too

julio 19, 2011 § 2 comentarios

Cuando aprendemos un idioma los profesores y los manuales nos advierten muy mucho sobre unas malas personas que no quieren que aprendamos: los false friends. Esos pequeños traidores disfrazados de palabras. En inglés hay muchos: cuidado con idiom que no es ‘idioma’, ‘sino frase hecha’.  Cuidadín con carpet que de ‘carpeta’ nainanai, que significa ‘alfombra’ o ‘moqueta’. Los niños angloparlantes no juegan al fútbol con un balloon, porque eso es un ‘globo’. Y memorial es algo relacionado con la memoria pero sólo de una manera figurado, porque significa ‘monumento’.

Ya sabéis que a los falsos amigos, ni agua. Claro que luego hay otros amigos que a veces son malos a veces no tan malos. Colapse por ejemplo significa ‘derrumbarse, dejar de funcionar’, significado que antiguamente tenía nuestro verbo colapsar y que parece regresar en los últimos años. Letter sí es una ‘letra’, pero también una ‘carta’. Arena significa ‘arena’, pero solo la del circo o en relación a un estadio, que la beach doesn’t have any arena. Y subject es ‘sujeto’ en su significado sintáctico, pero en inglés también significa ‘tema’.

Moraleja: los territorios angloparlantes están llenos de traidores puros o traidores ocasionales. ¡Peligro, peligro!

De lo que no se suele hablar es de los true friends o cognados que nos encontramos en inglés, y son mucho. Cualquier persona que no sepa inglés sería capaz de enteder palabras como adult, missile, asylum, tank, poem, esqueleton, information, ocean, invite, republic, move, except, study, desire… La mayoría de ellos se pueden resolver con ciertas reglas básicas: si empeza por s- y luego hay otra consonante, en español se pone un e- delante (study). Si es un verbo, en español tiene que terminar en -r (mover), a veces cambiando de vocal (invitar). A muchas de ellas se les pone una vocal al final y punto (adulto, poema, océano, república, excepto)…

De hecho hay palabras que parecen muy inglesas y que nada tienen que ver con el español, pero si escavas y buscas, encuentras que son casi casi lo mismo. Ya hablamos de money-moneda pero hay más: piece – pieza, price – precio, power – poder, peer – par.

Pero más allá de los buenos amigos están los grandes amigos, personas que según llegas al Reino Unido ya te conocen y saben cómo te gusta el café. Los grandes amigos se escriben de manera idéntica en español y en inglés: hotel, alcohol, capital, nuclear, union, simple, doctor, base, radio, television, chocolate. ¿Qué más podemos pedir?

Junto con los false friends están los true friends y de la misma manera que se avisa del peligro que tienen, se debería potenciar las facilidades y acercamientos que las lenguas tienen entre sí.

La identidad secreta de Daisy

junio 16, 2011 § Deja un comentario

En la mitad del siglo XX había una regla para crear personajes cómicos de comics o televisión: el nombre y el apellido tenían que empezar por la misma letra. Así fueron apareciendo Clark Kent, Peter Parker, Mickey Mouse, Donald Duck, Richie Rich, Bruce Banner. Incluso conseguían que un mismo animal tuviese dos nombres con dos sinónimos: Roger Rabbit y Bugs Bunny.

El problema venía cuando rompían la barrera del mercado angloparlante. Con Clark Kent el problema es menor, pero con Mickey Mouse hay al menos cuatro soluciones: dejarlo como está y que la gente aprenda inglés; traducir la raza: el Ratón Mickey; traducir el nombre pero no la raza (raro): Miguel Mouse; o traducir todo: Miguel el Ratón. O pierdes en poesía o en comprensibilidad.

El caso del que venimos hablar hoy es el de la novia del afásico Donald: Daisy. Y no, no nos vamos a preguntar por qué si los dos parecen de la misma raza de patos, él habla fatal y ella bien. Daisy es también en inglés un tipo de las asteráceas, de las que la más común es la margarita. O sea, que Daisy Duck es Margarita la Pata. De hecho en portugués el personaje se llama Margarida, que también es el nombre de la flor.

Así que el pato Donald podría haberle cantado la cancioncilla de la película Margarita se llama mi amor, que podéis ver más abajo:

Los nombres del dinero (y II): un as en el monedero

mayo 11, 2011 § 2 comentarios

Hace unos días hablábamos de los orígenes etimológicos de la palabra dinero en distintos idiomas. Money en inglés, argent en francés, Geld en alemán, pecunia en latín. Los nombres de Don Dinero son muchos, y estos nombres nos remiten en su significado original a los objetos que las distintas civilizaciones han considerado bienes preciados: oro, plata, vacas….

Imagen del blog Basseta

Imagen del blog Basseta

Nos dejamos en el cibertintero el origen del término en español, dinero, que es hermano de los equivalentes portugués y catalán: dinheiro y diner. Estos tres términos derivan del latín denarĭus, “denario”, una antigua moneda romana. La palabra denario significaba inicialmente “múltiplo de diez”, y el término se aplicó a la moneda porque un denario equivalía a diez ases, que, antes de ser la carta más alta de la baraja (¿o es la más baja? ¿Sota, caballo, rey, as? ¿O as, uno, dos, tres, cuatro?)  era una moneda de bronce.

¿Créeis que en el año 4000 jugarán  con barajas españolas cuya primera carta sea la peseta de bastos, o el euro de corazones en la de póker?

Los nombres del dinero (I): mis vacas por tu metal brillante

mayo 6, 2011 § 4 comentarios

Pasta, plata, guita, marmaja, parné, cuartos, peculio, pelas… Existen diversos nombres para llamar al poderoso caballero.

Imagen del blog Monedas Antiguas

Si nos damos un garbeo por nuestras lenguas hermanas, descubrimos que las maneras de referirse al dinero son también muy variadas en lo que a orígenes etimológicos se refiere. Algunos de estos orígenes nos revelan lo que cada cultura consideraba como el objeto de codicia supremo, lo suficientemente valioso para poder ser usado como medida del valor de las cosas y como reserva de riqueza.

Empezando por el inglés, la palabra money deriva del latín moneta, uno de los sobrenombres dados a la diosa Juno, ya que era en uno de sus templos donde se acuñaba el dinero romano. Como ya os habréis olido, la palabra moneda también deriva de moneta y es prima hermana de money.

En alemán la palabra Geld deriva de la misma raíz germana que Gold, “oro”, que también nos encontramos en inglés. Siguiendo con los metales, el equivalente francés argent nos remite al latín argentum, que significa “plata” y que también nos encontramos en algunos términos españoles como argénteo, argentario o en el nombre de la región plateada por excelencia, Argentina.

El término latino peculium nos remite a una época previa en la que la riqueza no estaba en los metales preciosos sino en las vacas, ya que deriva del término pecus, que significa “ganado”. Esta raíz pervive en español en palabras como pecuario o pecunia. También la palabra peculiar pertenece a esta familia, derivada de peculio, que eran los bienes de alguien. Así que originariamente, el adjetivo peculiar se refería a los ganados de alguien, pero se generalizó para referirse a lo que es propio de cada uno, independientemente de la bovinidad del sujeto en cuestión.

ONE WAY TICKET

abril 26, 2011 § 1 comentario

Aunque no lo parezca vamos a hablar de alguna palabra canaria de origen inglés. Hace poco estuve con unos amigos canarios que me aseguraron que la guagua se llama así porque en los autobuses ponía one way ticket (billete de ida). Otras voces dicen que viene de one wagon, pero sea como fuere es interesante ver las maneras que tiene una lengua de crecer, de abrirse paso, de adaptarse, en definitiva, de enriquecerse. A alguno le puede parecer chocante ver que una palabra que consideraba tan típicamente canaria, tan guanche, es una deformación de una inglesa, pero no nos confundamos, guagua, sigue siendo una palabra  igual de canaria que gofio, (está sí es de origen guanche y se refiere a un alimento típico de las Islas).  Otras curiosas adaptaciones que encontramos en Canarias a partir del inglés son quinegua, una papa que hace referencia a King Edward, también naife, un cuchillo canario típico que viene de knife, o queque, un tipo de dulce  que viene del inglés cake.

¿Hablas binario?

abril 20, 2011 § 2 comentarios

Hace poco descubrimos un nuevo estudio del neozelandés Quentin Atkinson que muestra que, a medida que nos alejamos de África, las lenguas tienden estadísticamente a reducir su número total de fonemas (definición a quemarropa: sonidos con capacidad de distinguir significados). Si en África, cuna del homo sapiens, se hablan lenguas que alcanzan los 200 fonemas, territorios relativamente nuevos para el hombre, como Nueva Guinea, cuentan con maravillas como el rotokas central, cuyo sistema consonántico se puede resumir en: /p/, /t/, /k/, /b/, /d/, /g/, /m/, /n/, /ŋ/.

Aquí tenéis un pequeño resumen del estudio, con detalles bastante interesantes y polémicos.(no ha tardado en salir el que dice que todo esto es una burrada…)
Ahora yo me pregunto una cosa: ¿significa esto que el día que colonicemos Saturno hablaremos en binario? Aparte de ser una gran chorrada, lo que acabo de decir metaforiza el código binario como un lenguaje con únicamente dos fonemas: /1/ y /0/. A las máquinas les viene de lujo tener solo dos fonemas (1 = pasa corriente; 0 = no) pues tienen una memoria mucho más grande y fiable que la nuestra, y por lo tanto pueden construir sin demasiada dificultad una diversidad de significados a partir de la acumulación de cadenas compuestas por tan solo dos caracteres. Ahora imaginad una lengua natural donde solo haya dos fonemas: /a/ y /b/. ‘abababa’ significa ‘hola’, pero ‘ababababbb’ significa ‘tres tristes tigres’, y ‘abbbbbababbaababababab’, ‘Fernando Sánchez Dragó’. ¡Menudo follón!

Está claro que tiene que haber un límite, todavía no descubierto, entre lo que puede llamarse fonémico-cuantitativamente “lengua natural” y lo que no. ¿Lo intentamos descubrir?

El rotokas central nos ofrece una pista respecto a este límite. No es casual que las consonantes del rotokas sean las que son; al contrario: están organizadas como una alucinante maquinaria de relojería donde todo está pensado para mantener de plena actualidad un ancestral tira y afloja que ha estado presente en todas las lenguas de todas las épocas: el principio de economía. Afrikicémoslo un poco para mayor claridad: un buen día en la Comarca, el señor Frodo y Sam se están escondiendo de unos nazgûl tras unos setos, pero Pippin, que estaba haciendo su segunda merienda y no ha visto el peligro, se encuentra en medio del prado cantando una de sus bochornosas canciones hobbit. Es cuestión de segundos que el incauto Tuk sea descubierto y decapitado en menos de lo que se tarda en decir “¡las sirven por pintas!”. Solo sus amigos pueden salvarlo. Pero claro, Frodo y Sam todavía tienen que llegar al final del libro para poder declararse amor mutuo, por lo que van a intentar salvar al hobbit sin ser descubiertos, con un susurro. Este susurro tiene que cumplir, por lo menos, cuatro condiciones indispensables que parecen contrapuestas: 1) ser lo bastante fuerte como para que Pippin lo oiga por encima de su ridícula canción, 2) ser lo bastante débil como para que los nazgûl no los descubran, 3) ser lo bastante breve como para que Pippin se ponga a salvo cuanto antes. 4) Ser lo bastante largo como para que Pippin entienda que se trata de un susurro.

“Yo tengo una idea mejor…”.

Es evidente que hay que encontrar un compromiso, un término medio, entre estas cuatro variables si se quiere cumplir de la mejor forma posible el propósito de salvar al incauto hobbit, es decir, de comunicarse de una manera lo más efectiva posible. Este compromiso es de lo que se trata el principio de economía: intentar comunicar lo máximo posible con el mínimo esfuerzo necesario. En nuestro ejemplo tenemos el peligro como acicate para la brevedad, pero en la vida no friki es más fácil encontrarse algo más prosaico en el papel de esta función, como el aburrimiento del que nos escucha: si la información es redudante, se tiende a su eliminación (de ahí, por ejemplo, la supresión del pronombre personal en castellano, donde existe una flexión verbal que ya aporta la información de persona). Tanto Frodo como Sam, por cierto, tendrán concepciones distintas de lo que es este compromiso, pero en cualquier caso ambos respetarán unos límites: puede que Sam susurre más alto que Frodo, pero en ningún caso, puesto que no es un Ent, se pasará susurrando cuatro meses seguidos.

Si echamos un vistazo al sistema consonántico del rotokas para ver cómo se cumple en él el principio de economía, vemos que: 1) las consonantes necesitan sonar lo bastante distintas al oído como para que no se confundan, pero 2) las consonantes no pueden producirse de manera tan distinta que sea un lío pronunciarlas (por muy divertido que suene, no podría inventarme una consonante que fuese un estornudo y pasarme la vida haciéndome cosquillas en la nariz con una pluma). Para todo el que sepa un poco de fonética, la eficiencia y simetría con que el rotokas negocia estos parámetros da mucho miedito. Punto de articulación, sonoridad y nasalidad: solo tres variables, nueve posibilidades, para producir un número infinito de significados. Cada una de estas consonantes parece repartida en la boca con una vara de medir. Bastante opuesto al binario, ¿no?

Pero, ¿cuál es el límite? ¿Cuánto podemos reducir los fonemas de una lengua hasta que se rompa el principio de economía, y por lo tanto su condición de “lengua natural”? Los que sepan algo de árabe sabrán que no hay diferencia entre /p/, /t/, /k/ por un lado y /b/, /d/, /g/ por el otro, pero esto se suple añadiendo otras complejidades, por lo que no nos vale como ejemplo.

Lamentablemente, una vez más nos encontramos con la frontera final del ejercicio teórico del lingüista, ese deseo oscuro que nos acecha en lo más profundo de nuestros corazones, pero que siempre quedará relegado al maquiavélico terreno de las utopías inconfesables que nunca nos atreveremos a realizar: coger a unos inocentes bebés, montar con ellos un show de Truman donde solo se hable lo que nosotros queramos, y ver qué demonios pasa con sus pequeños y blanditos cerebros. ¡Lástima! Pero si alguien tiene una idea menos del Doctor Mengele, que por favor nos deje un comentario.

SEXO Y AUTÓTROFOS

abril 15, 2011 § 1 comentario

Ni cerca, ni lejos de querer hacer apología sobre la hortofilia-cada cual que se busque los amores donde los encuentre-, ni de dar detalles morbosos sobre una nueva parafilia, esta vez nos gustaría centrar nuestra atención en la relación entre los nombres de frutas y  verduras, y las alusiones sexuales.

Quizá por sus características morfológicas, quizá por ser la parte más reconocible de los órganos sexuales de  los vegetales, el caso es que muchas frutas y verduras se cargan de diversas connotaciones, dobles sentidos, etc. Plátano, melones, peras… son quizá los nombres más evidentes pero podemos encontrar nombres de este tipo incluso en palabras de origen griego, como sicalipsis, que significa “frotar el higo” y hace referencia a la malicia sexual.

Volvemos a pedir vuestra colaboración, ¿cuántas referencias de este tipo conocéis?

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