Sobre la palabra “rival”

marzo 27, 2012 § 2 comentarios

Conocer la historia de las palabras no sólo sirve para ganar quesitos en el Trivial. Las palabras también sirven para asomarse a la época en la que se crearon y nos dan una idea de cómo era una realidad que ya no existe. Por ejemplo, hoy histerismo significa nerviosismo descontrolado, pero el hecho de que derive del griego hyster, “útero”, nos recuerda que cuando se empezó a usar el término se creía que el histerismo era un estado propio de las mujeres causado por une afección de la matriz (doña RAE, con su nostalgia patológica, sigue empecinada, y sin propósito de enmienda, en que la histeria es un mal femenino).

Del mismo modo, la palabra moneda deriva del latín moneta, que era uno de los sobrenombres de la diosa Juno, ya que era en uno de sus templos donde se acuñaba el dinero romano. Al parecer, credo y parné han ido de la mano desde los albores de la Historia.

El origen de la aparentemente anodina rival también evoca un pasado lejano. Rival deriva de rivus, “arroyo”, y existen varias teorías sobre la relación entre la enemistad y el agua. Por un lado, rival nos remonta a la época en la que tu mayor enemigo era el vecino de acequia que te robaba el agua para los cultivos. También se piensa que pudo derivar de la idea de que no hay peor adversario que el del pueblo de al lado (en este caso, el que vive en la orilla opuesta), o quizá ser originó del odio hacia los que  vivían en la ribera, ya que eran los que controlaban el acceso al agua del resto de asentamientos.

En cualquier caso, la palabra rival, tan normalucha y desgarbada, tan de todos los días (cerca de 19500 apariciones en el corpus Hemero), es una mirilla por la que atisbar un tiempo en el agua era garante de supervivencia y las civilizaciones florecían en torno a los ríos.

Glico- vs gluco-, o la vocal que cruzó los mares

febrero 14, 2012 § 8 comentarios

[Nota: gracias a Javier y a Lola Pons por sus aportaciones al post]

En español tenemos cinco vocales, bastante pocas si comparamos con otras lenguas de nuestro entorno. ¿Qué ocurre cuando importamos una palabra de fuera que contiene sonidos vocálicos que no se encuentran entre nuestros sonidos habituales? En general, no es problema, porque, como compartimos alfabeto con la mayor parte de nuestros vecinos, solemos mantener la grafía y pronunciarlo à lo Spanish. Por ejemplo, en los últimos años se ha colado en nuestros noticieros la palabra alemana Gürtel (que significa “correa”). En principio la Ü de la palabra Gürtel no es equivalente a la española, sino que es más cerrada y se pronuncia como las úes francesas de boquita de piñón. Como nosotros no tenemos ese sonido, hacemos nuestra U de toda la vida y a volar.

Pero, ¿qué pasa si no sólo incorporamos otro sonido, sino que además la grafía no existe en nuestra lengua? En este caso, no podemos “simplemente” pronunciar la letra a nuestra manera porque no tenemos ninguna manera nuestra de pronunciarla: al no haber equivalencia de alfabetos, la letra no representa ningún sonido para nosotros. Esto fue más o menos lo que ocurrió con la vocal griega Y (ípsilon). La Y en griego clásico se pronunciaba como la Ü alemana y la U francesa, y como los latinos no disponían de una letra para representar ese sonido, optaron por dejarlo tal cual, añadiendo un grafema más a su alfabeto. Como consecuencia, las palabras latinas que llevan una Y son siempre de origen griego, como symbolum, hydra o typhon

No sabemos con certeza cómo se pronunciaba el latín, pero no es descabellado aventurar que, si bien mantuvieron la grafía helenizante para estas palabras, probablemente el latín vulgar no mantuvo ese sonido de U en boca de piñón que era extraño para los latinos. Es un proceso semejante al que hemos hecho nosotros con la palabra inglesa stop: mantenemos su escritura original, pero eso de las S líquidas a principio de palabra no es made in Spain, así que optamos por lo que más se parece a nuestra pronunciación habitual, que es pegarle una hermosa E protética delante y pronunciar /estop/, que es mucho más cómodo para nuestros ibéricos paladares. En el paso del latín al español, perdimos la grafía Y para representar a la vocal (nuestra Y actual es posterior, y lo que representa es una consonante como en yayo, o una I en posición final como en rey, pero en ningún caso representa un sonido vocálico distinto), y tuvimos que escoger el equivalente más parecido para sustituirla.

Y ahí es donde se monta la zapatiesta: ¿cuál es el sonido latino más parecido al Y del griego? Solemos asociarlo con nuestra U, pero lo cierto es que  fonéticamente el sonido Y es un cruce entre una I y una U, una I con los labios abocinados (truco para pronunciar este endiablado sonido: pronuncie una I poniendo morritos de Jessica Rabbit, et voilà), y esto ha hecho que algunos derivados del sonido Y  griego hayan acabado metamorfoseándose en U y otros en I. La familia de la palabra glucosa y sus derivados técnicos son un buen ejemplo: tenemos derivados en u, como glucosa, glucemia, glucógeno… y derivados en I como glicoproteína o glicerina. Y también tenemos dobletes, como glicólisis y glucólisis. Todas son hijas de la raíz griega γλυκ, “dulce”, algunos pasados por el filtro del inglés (que en estos neologismos suele preferir mantener la grafía Y y el sonido /i/) y representan el intento de la pronunciación latina por amoldar un sonido que les vino de fuera.

Queso o fromage: etimologías

enero 10, 2012 § 4 comentarios

Uno de los gustazos de hablar una lengua romance es que es posible manejarse con cierta dignidad en las lenguas hermanas. Son legión las palabras que, si no son exactamente iguales a lo largo de toda la Romania, al menos se dan un aire y nos sacan del apuro cuando uno anda paseándose por el extranjero y tiene que improvisar.

Cuando dos palabras comparten un mismo origen etimológico se dice que son cognadas; en el caso de las lenguas romances el antecesor común suele una palabra latina. De hecho, esta cognicidad no se limita a las lenguas que parió el latín: bien sea por la influencia de la lengua de Cicerón, que se extendió más allá del imperio y más allá de la Edad Antigua, bien por préstamos léxicos posteriores, es habitual encontrar palabras de origen latino en territorios donde nunca se habló latín, como ocurre en inglés y en alemán.

No obstante, las parejas de cognados no se dan únicamente entre lenguas, sino que también es posible encontrarlas dentro de un mismo idioma. La propia palabra cognado tiene un bonito y sorprendente cognado: cuñado. Ambas derivan del latín cognātus, que morfológicamente viene a significar “nacido con”. Las palabras cognadas y los cuñados son aquellos que tienen un origen común.

Sin embargo, hay una palabra que divide irreconciliablemente a la Romania: queso. En algunas lenguas se dice con algo que empieza por algo semejante a /kas/:

Alemán: Käse

Galés: caws

Gallego: queixo

Inglés: cheese (échenle imaginación)

Portugués: queijo

En otras, se nombra con algo semejante a /forma/:

Catalán:  formatge

Francés: fromage

Friulano: formadi

Italiano: formaggio

¿Cuál es el verdadero hijo latino y cuál el bastardo advenedizo? Pues bien, como ocurre en las pelis malas de suspense, al final eran gemelos. Y es que en este caso son latinajos legítimos los dos, ya que, si bien caseus significa “queso” en latín (y de ahí la evolución histórica hasta nuestro queso), se generalizó la expresión caseus formatus, que no es más que “queso moldeado” (siendo formatus familia de forma). Algunas lenguas derivaron a partir de caseus, y otras se quedaron con el formatus, lo que explica las dos vertientes históricas para denominar a tan gustoso manjar.

La sílaba tónica en latín

octubre 4, 2011 § Deja un comentario

La sílaba tónica en latín no es un asunto baladí. Por ejemplo, la evolución histórica de la palabra desde el latín hasta llegar al castellano depende en buena medida de en qué sílaba recaiga el acento. Por otro lado, el silabeo y la posición de la sílaba tónica tienen un enorme peso en la métrica latina.

Para acentuar correctamente en latín (es decir, para detectar la sílaba tónica) basta con seguir unas reglas muy sencillas:

1. No existen palabras agudas en latín.

2. Las palabras de dos sílabas son siempre llanas.

con-sul

3. Cuando la palabra tiene tres sílabas o más, es llana si la penúltima sílaba es larga. Una sílaba es larga si cumple alguna de estas circunstancias:

a. contener una vocal larga (ā,ē,ī,ō,ū,…)

 dis-ci-plī-na

        b. contener un diptongo

 a--nus

       c. tener un final implosivo, es decir, acabado en consonante.

 ca-pel-la

      d. la siguiente sílaba empieza por z o x (su pronunciación en latín equivalía a dos consonantes, es decir, es un caso un poco especial de la condición anterior).

ad-fi-xi                    

4. Si la palabra tiene tres sílabas o más y la penúltima sílaba es breve (es decir, si no cumple ninguna de las condiciones anteriores: contiene una vocal breve o tiene un final no implosivo) es esdrújula.

a-ni-ma

A partir de estas reglas, es posible acentuar cualquier palabra en latín.

La estructura silábica del latín

septiembre 27, 2011 § Deja un comentario

La forma de dividir en sílabas una palabra está estrechamente relacionada con la manera de pronunciarla. El latín es una lengua muerta y no contamos con registros directos sobre su pronunciación, aunque afortunadamente, sí existen registros indirectos como la poesía que nos ayudan a aventurar cuál era el posible silabeo de las palabras latinas.

A continuación tenéis una descripción de las reglas básicas para silabear en latín.

Consonantes latinas

B, C, D, F, G, H, K, L, M, N, P, R, S, T, V, X, Z.

Cuando la I está entre vocales (cu-ius) o al comienzo de una palabra y seguida por una vocal (Iu-no), se comporta como una consonante.

Vocales latinas

A, E, I, O, U, en sus versiones largas (ā, ē, ī, ō, ū) y breves (ă, ĕ, ĭ, ŏ, ŭ).

Sólo existen cuatro diptongos latinos: ae, oe, ui y au.

Las palabras que provienen del griego no siguen esta norma y se pronuncian como hiatos:

ro-sae pero a-er (del griego ἀήρ)

poe-na pero po-e-ta (del griego ποιητής)

El resto de combinaciones entre vocales son hiatos, a excepción de las palabras griegas que contienen la combinación eu, que forman diptongo.

lae-ti-ti-a

ex-po-si-ti-o

au-re-us pero eu-pho-ni-a (del griego εὐφωνία)

Combinaciones de consonantes que pueden aparecer al principio de palabra

Parejas de consonantes :

Cons+ R/L: BL, BR, FL, FR, GR,GL, CL, CR, PL, PR

Cons+ R:   DR, TR

H intercalada [herencia griega]: TH, CH, RH, PH

Combinaciones con S líquida: SC, SP, ST, SQ

Otras combinaciones: GN, CN

Tríos de consonantes:

Combinaciones con S líquida: SCH, SCR,  SPR, SPL, STR

Combinaciones con H intercalada: CHR, CHL, PHL, PHR, THR

Todos estos grupos de consonantes (parejas y tríos) no se separan cuando aparecen en mitad de una palabra:

ne-sci-o

a-phro-des

re-splen-de-o

con-struc-ti-o

Consonantes geminadas (en el interior de la palabra)

Las geminadas (es decir, las consonantes dobles) sí se separan, quedando cada una en una sílaba:

puel-la

ap-pa-ra-ti-o

am-mo-ni-tor

ad-di-ti-o

Podéis encontrar más información sobre la sílaba latina en esta web del Ministerio y en Wikipedia.

¿Qué es declinar? ¿Cómo se enuncia una palabra en latín?

septiembre 20, 2011 § Deja un comentario

En español usamos la misma palabra independientemente de la función sintáctica que tenga la palabra dentro de la oración. Por ejemplo, en La trucha se comió el cebo y Yo me comí la trucha, la palabra trucha no cambia, aun cuando en un caso sea quien come (sujeto) y en el otro la que es comida (Complemento Directo).

Sin embargo, en latín las palabras tienen distintas terminaciones según la función que desempeñen dentro de la oración. Declinar consiste en colocarle a una palabra las terminaciones correspondientes a las distintas funciones sintácticas que una palabra puede desempeñar. Por lo tanto, del mismo modo que en español tenemos cuatro formas para la palabra guapo (guapo, guapa, guapos, guapas), para una palabra en latín podemos tener entre doce y treinta y seis formas.errare humano est

¿Y cuál de esta marabunta de formas representa a la palabra? Es decir, de la misma manera que para representar al grupo guapo-guapa-guapos-guapas hemos escogido la forma en masculino singular guapo como representante (y es la que nos encontramos en los diccionarios convencionales), cada palabra latina tiene una forma que representa a todo el grupo declinado. Este proceso de llamar a una palabra a través de unas formas concretas es enunciar, y para enunciar correctamente una palabra hay que observar ciertas normas:

1. Los sustantivos se enuncian con el nominativo singular y el genitivo singular.

rosa, rosae amicus, amicī templum, templī
puer, puerī ager, agrī consul, consulis
corpus, corporis mare, maris avis, avis
motus, motūs cornū, cornūs diēs, diēi

2. Los adjetivos de tres terminaciones se enuncian dando el nominativo singular de los tres géneros (masculino, femenino, neutro).

bonus, bona, bonum

miser, misera, miserum

acer, acris, acre

3. Los adjetivos de dos terminaciones se enuncian dando el nominativo de los dos géneros (masculino/femenino, neutro).

fortis, forte

omnis, omne

4. Los adjetivos de una sola terminación se enuncian dando el nominativo singular y el genitivo singular (es decir, igual que los sustantivos).

ferox, ferōcis

5. Los verbos se enuncian dando el la 1ª persona del Presente de Indicativo, la 2ª persona del Presente de Indicativo, el Presente de Infinitivo, la 1ª persona del Pretérito Perfecto de Indicativo y el Supino en voz activa.

amo, amas, amare, amavi, amatum

Podéis aprender a declinar en latín con ayuda del Declinador de latín.

El origen de la palabra candidato

mayo 23, 2011 § 1 comentario

Con la resaca de la jornada electoral encima y aún inmersos en la acampada popular, hoy os traemos una palabra que viene al pelo. ¿Sabéis de dónde viene la palabra candidato?

Imagen de Diccionario Asterix

La palabra candidato viene del latín candidatum, participio del verbo latino candidare, que significa “blanquear”. Candidato era, literalmente, el que iba de blanco, porque así vestían los que se postulaban a un cargo político en la Antigua Roma.

En latín se distinguían dos matices de blanco distintos: el blanco mate era albus (del que derivan alba, albor o alborada), mientras que la palabra candidus se refería al blanco brillante. De hecho, muchos de los derivados de candidus tienen que ver con objetos luminosos, como son candela, candelero o candelabro. 

Otros derivados han adquirido significados más metafóricos que les apartan de su significado original ¿Quién diría viendo la definición de la palabra cándido que es prima de candidato? La etimología hace extraños compañeros de cama, y aunque el candidato se vista de blanco…..

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