¿Compartir con analógico vs. compartirle digital?

enero 27, 2012 § 6 comentarios

El siguiente vídeo explica de manera amena la diferencia entre copiar y robar.

Internet y lo digital permiten que tratemos las cosas de manera diferente a como tratamos las cosas físicas. Como dice en el vídeo, si una persona tiene un ebook y yo lo copio, esa persona sigue teniendo un ebook y ahora yo también. Si una persona tiene un libro y yo se lo robo, yo tengo un libro pero esa persona ya no lo tiene.

Eso hace que las cosas digitales se comporten de una manera muy diferente a las cosas físicas. Buena parte de políticos e industria de la cultura no parece querer entender la diferencia. Menos mal que parece que la lengua sí se está dando cuenta del cambio de paradigma.

El verbo compartir tiene un sujeto (por ejemplo: “yo”) un objeto directo que representa la cosa a ser repartida (“la ensalada”) y otro argumento precedido de la preposición con (“con mi señora”). Es decir: “yo comparto la ensalada con mi señora”. Lo podemos leer en el Diccionario del Español Actual, donde “compl CON” quiere decir ‘un complemento (un argumento) precedido de la preposición con‘.

Sin embargo en el Molino hemos detectado que cuando nos mandamos archivos digitales los unos a los otros, o cuando permitimos que otras personas puedan entrar a un archivo que tenemos en la nube, no decimos “comparto este archivo con vosotros”, sino que decimos “os comparto”, “te comparto”, etcétera. Es decir, lo que antes era con complemento con con, ha pasado a ser un complemento indirecto.

¿A qué se debe este cambio? En mi opinión, compartir una cosa física es tan diferente a compartir una cosa virtual, como son diferentes robar y copiar. Y es que si yo comparto una ensalada con mi señora, me quedo sin la mitad de la ensalada. Sin embargo puedo compartir un documento con mis compañeros y sigo teniendo la totalidad del documento, y ellos también.

Vamos, que la sintaxis entiende Internet mejor que los políticos.

¿Tienen copyright las palabras de la RAE?

septiembre 27, 2011 § 7 comentarios

Lenguaje TM. O, lo que sería lo mismo, “Lenguaje Trade Mark”, marca registrada. Porque parece que sigue habiendo gente empeñada en pensar que el lenguaje es propiedad de unos pocos y que, encima, estos pocos se han de beneficiar de que los demás lo usemos.

Es el caso de nuestra siempre apreciada RAE, una asociación que vive de lo que los buenos ciudadanos pagamos en impuestos (es decir, es del Estado, y no al revés). Por lo que vemos en www.elcastellano.org, a través de su editorial patrocinadora (Planeta), la Academia ha prohibido el uso de su material de manera tajante en cualquier otro sitio web de Internet. En jamillan.com podemos leer partes de el mail que han mandado:

ABSTÉNGASE de utilizar cualesquiera marcas, nombres comerciales y/o nombres de dominio que, directa o indirectamente, se asemejen o evoquen a las marcas titularidad de RAE y que, en cualquier caso, incluyan directa o indirectamente el término RAE

Ahí queda eso. En Internet hay muchísimas aplicaciones que se dedican a hacer un buen uso del diccionario académico. Aplicaciones que ofrecen características que no se ofrecen desde la propia Academia, o que mejoran el contenido que se ofrece (lo cual, seamos francos, tampoco es excesivamente difícil, ¿no?). ¿Deben desaparecer? Otro fragmento del mail es el que sigue:

la filosofía de la RAE implica una dedicación y esfuerzo absolutos así como un profundo respeto hacia nuestros usuarios, por lo que en aras de una satisfactoria prestación de los servicios y una decidida voluntad de procurar la continuidad de su buen nombre en el sector cumpliendo con su espíritu de servicio

Ahá. Un profundo respeto hacia nuestros usuarios… Oh, un momento. Ese respeto, ¿no debería ser para los usuarios de LA LENGUA? Venga hombre, sois una organización financiada con el dinero de todos que se encarga de trabajar sobre el que, probablemente, sea el único punto en común de la humanidad al compelto: la comunicación. ¿No es pasarse un poco? Tal y como yo lo veo, aquí hay tres soluciones:

1) Dejad de recibir dinero público y vivid de esas subvenciones de Planeta y demás. Veréis qué pronto la gente empieza a pasar aún más de lo que digáis y empiezan a decidir por ellos mismos cómo hablar. Y luego ya llegaremos nosotros para describir un lenguaje que es libre, sin cadenas, y no intentar atarlo con reglas que al final resultan completamente inútiles.

2) Dejad de recibir dinero de empresas privadas que solo os financien por intereses comerciales. El lenguaje no es una TM, no es un bien mercantil con el que podáis jugar a hacer dinero. Todos queremos usarlo, todos queremos aprender. Todos tenemos derecho a usar esas palabras que vosotros atesoráis como vuestras.

3) Dejad de fastidiar a la gente con el “cómo se debe usar el lenguaje” y empezad a preocuparos por describir “cómo usa la gente el lenguaje”. Para cuando queréis meter un neologismo en el diccionario pueden haber pasado años. Y nadie os ha necesitado para saber qué es un tablet, un smartphone o el prime-time. Ah, y dejad de intentar españolizar extranjerismos. ¿Qué diantres es un cederrón?

Al señor Soca le han prohibido referirse a los nuevos avances de la vigésimo tercera edición del diccionario de la Real Academia Española. No le han permitido enlazar a aquellas palabras que se van a incluir en el siguiente tochaco de papel. Nosotros vamos a jugar a un juego. A continuación vamos a poner un link de descarga a una lista de palabras totalmente al azar, sin ningún patrón determinado. Y os decimos que esta lista de palabras

puede ser

o

puede no ser

la lista de las palabras que se van a incluir en la próxima edición del diccionario. Va por usted, señor Soca, y por todos los hablantes de español del mundo.

http://www.megaupload.com/?d=2HKWARC1

En esta lista de palabras nuevas podemos encontrar expresiones tan modernas como álea iacta est, que demuestran lo espabilados que son nuestros amigos los académicos en eso de pillar expresiones. El ABS es un invento de hace… ¿33 años? Sí, de 1978, concretamente. Es un buen momento también para incluirlo en el diccionario. Eso aún tiene un pase, pero que hasta esta nueva edición no hayan incorporado la palabra chupachús… hombre, un invento español, señores. Curioso que tampoco hasta hoy pudiéramos despelotarnos académicamente, o que no pudiéramos contraargumentar. Claro, qué poco les gustan las réplicas, ¿verdad? Todo esto suponiendo que la lista que subimos sea, efectivamente, la de palabras nuevas, cosa que nosotros no sabemos…

¿Sabéis qué es un lemario? Es una lista de palabras, básicamente. Pues bien, para que os hagáis una idea, esta palabreja no entrará en el diccionario académico hasta esta vigésimo tercera edición, en el supuesto de ir acorde a nuestra lista. ¡23 ediciones de la RAE! Para acabar dándose cuenta de que SUS palabras, SUS lemas, conforman un lemario. Qué cierto es eso de que en casa del herrero…

Por cierto, os informamos de que, hasta la fecha, cualquier documento que hayáis firmado en el que os pidieran el DNI era incorrecto. La Academia ha decidido incorporar las siglas en su siguiente tomo. Y si, después de dejar de usar el ordenador un rato, os empieza a salir una divertida animación de tuberías de colorines, no se os ocurra llamarlo salvapantallas: aún no es una palabra correcta en español. La definición, por cierto, habla de una imagen en el ordenador. Lo de las animaciones aún se les escapa, pobres.

Tampoco podíamos ir a por papeo, ni echar un farde con nuestro peluco nuevo. Curioso que una organización como la SGAE luche tanto por el copyright cuando es una palabra que tampoco existe aún. Tampoco debíamos tener cuádriceps hasta el momento. El tiempo ha superado a la Academia, y ahora que dejamos de usar alfombrilla para el ratón, ellos incluyen una acepción de esta palabra que NO es esta. Nuestros hijos podrán saber qué era una alfombrilla de ratón cuando, dentro de 10 años, incluyan la acepción correspondiente en el diccionario.

Ahora tendremos sevillanas, lloronas, brócoli, pasotismo, chopitos  y jefazos, podremos usar el limpiacristales o masajear a nuestra pareja en momentos de tensión, y detenernos en un stop con la conciencia lingüística tranquila. Practicaremos ikebana, comeremos carbonara, leeremos fanzines, nos llegarán burofax y celebraremos al pichichi de nuestro equipo.

Y si lleváis usando estas palabras mucho, mucho tiempo, no os preocupéis. Si aparece algún miembro de la editorial Planeta y os dice que no podéis usar esas palabras porque son del avance de la RAE y no pueden permitirse perder dinero, podéis decirle que se coja el GPS y se vaya por donde ha venido. El lenguaje es de todos, las palabras nos pertenecen y hacemos con ellas lo que queramos. Suficientes cosas nos quitan día a día como para que encima nos quiten la posibilidad de expresarnos.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con copyright en Ideas Molineras a medio guisar.

A %d blogueros les gusta esto: