Un alfabeto para los sonidos

enero 12, 2012 § Deja un comentario

Cuando hablamos de transcripción fonética más o menos todos comprendemos a qué nos referimos. Se trata, “simplemente”, de escribir sonidos; esto es, de representar gráficamente lo que en principio es una señal de dominio exclusivamente auditivo.

De sonido a texto escrito

Un profesor de mi universidad dijo una vez que el alfabeto es “un desorden habitual”, un conjunto de letras que hemos puesto una detrás de otra sin ningún tipo de criterio (a priori). El alfabeto fonético es otra cosa. Cuando allá por 1878 algunos lingüistas se dieron cuenta de que hacía falta crear un alfabeto fonético internacional, lo primero que hicieron fue establecer unos criterios básicos. El principal: un símbolo por cada sonido.

Bajo este prisma se crearon los 157 símbolos que conforman la tabla del Alfabeto Fonético Internacional (AFI en español, IPA en inglés): 107 símbolos consonánticos y vocálicos, 31 diacríticos para hilar más fino y 19 signos suprasegmentales para indicar duración, acento, tono… Y estos símbolos se eligieron de acuerdo a los alfabetos gráficos clásicos, esto es, latín y griego. Por eso en un diccionario aparece, al lado de la palabra, un conjunto de símbolos raros (una e al revés, una beta griega, una n mayúscula pequeñita…), generalmente entre corchetes, que indica la pronunciación de la palabra.

Con la llegada de las nuevas tecnologías y las tremendas aplicaciones que tiene la fonética en este campo (que ya las trataremos otro día) se abrió la gran pregunta, el gran problema: los lenguajes de programación no entienden estos símbolos raros. ¡Horror! ¿Cómo puedo decirle al ordenador que quiero poner una beta, una r al revés o una h con el rabito inclinado? No pasa nada. Inventamos una serie de equivalencias para estos 157 símbolos con caracteres que los ordenadores entiendan (caracteres ASCII de 7 bits), y llamamos a este nuevo alfabeto fonético Speech Assessment Methods Phonetic Alphabet  (SAMPA para los amigos).

Pero volvió a haber un problema: cada país creó su SAMPA y, al final, las distintas tablas de SAMPA no eran compatibles entre sí, de modo que podía haber un mismo símbolo para dos sonidos distintos. Con el objetivo de eliminar esta anarquía simbológica nació X-SAMPA, un código extendido de SAMPA (de ahí la X) que puede usarse en cualquier idioma. Y eso es lo que hemos usado en el Molino. El nuevo transcriptor de los fonemolabs utiliza el código X-SAMPA a nivel interno (es decir, en el código de programación) y después devuelve los resultados al usuario. Más adelante (dentro de muy poquito) pondremos a vuestra disposición la posibilidad de transcribir también en AFI y en otros alfabetos fonéticos cuya utilidad explicaremos más adelante.

Ah, una cosa más. Existe en España un alfabeto fonético que fue desarrollado por la Revista de Filología Española cuya simbología no se corresponde con la del AFI. Es un alfabeto que está cada vez más en desuso precisamente porque no sirve para hacer una representación universal de los sonidos. El transcriptor de los fonemolabs NO da soporte para este alfabeto. No porque no podamos (aunque algunos símbolos son complicados de encontrar, sí), sino porque creemos que no tiene ninguna utilidad a día de hoy. Preferimos centrarnos en los lenguajes que todo el mundo puede entender. De todos modos, si alguien tiene curiosidad, pronto tendréis otro post con una tabla de equivalencias entre los tres alfabetos. Y a disfrutar 🙂

Por cierto: más arriba dijimos que el AFI tiene 157 símbolos y en esta tabla no veréis más de 50. ¿Por qué? Pues porque en español no están todos los sonidos, claro…


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