Homonimia y polisemia

agosto 30, 2011 § Deja un comentario

Las palabras significan cosas. Algunas veces una palabra significa una sola cosa. Las más de las veces, una palabra significa muchas cosas.

¿Cómo llega una palabra a significar más de una cosa? La manera más frecuente es que una palabra que se utiliza inicialmente para denominar a un objeto por semejanza o cercanía adquiere un nuevo significado. Por ejemplo, la palabra «pie» referida a los pinreles humanos se traslada a la parte baja de una lámpara que pasa a denominarse «pie» porque se entiende que es la parte que la sostiene. De este modo, «pie» adquiere un nuevo significado. Esto es la polisemia.

Otra paradoja de Escher

La polisemia no es la única manera de que una palabra acapare significados, aunque sí es la más habitual. También puede ocurrir que dos palabras compartan una misma forma, aunque sus orígenes sean distintos y sus significados no estén relacionados. Es decir, se debe a coincidencias históricas, no a asociaciones mentales de los hablantes. Esto es la homonimia. Es el caso de «cola«, que significa tanto «extremidad posterior de algunos animales», como «pegamento» o «bebida refrescante». Mientras que la «cola» de los animales nos viene del latín (cauda), el pegamento proviene del griego (κόλλα) y la bebida del mandinga (k’ola), una lengua del Oeste de África. Las tres formas han coincidido, son formas homónimas. Por otro lado, la palabra «cola» con el significado de «rabo» adquirió el significado de «fila de personas que esperan» por polisemia, es decir, los hablantes tomaron la idea de extensión alargada y la aplicaron a la de una hilera de cosas.

A pesar de que las homonimias son fortuitas, algunos homónimos son «un matrimonio hecho en el cielo» : por ejemplo, la palabra Celsius, nombre de la unidad de temperatura en nuestro sistema de medida (la famosa C en ºC). Siempre había dado por sentado que, puesto que Fahrenheit era el nombre de un científico, Celsius también lo sería. Pero rebuscando en el diccionario de latín me encuentro con la palabra «celsius» (celse, celsius, celsissim), adverbio que signfica «más alto», una palabra perfecta para ser la unidad de temperatura. ¿Coincidencia? Pues en este caso, sí. Compruebo en Wikipedia: efectivamente, Anders Celsius era un físico de la bella ciudad de Uppsala que dio nombre al grado, aunque también sea un adverbio latino que significa «de mayor altura».

Caramba, parece que el hombre hubiera estado predestinado. Benditas homonimias.

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